Cuando en una ciudad empieza a crecer el número de ciclistas en las calles, inevitablemente se generan conflictos entre automovilistas, ciclistas y peatones (y desde luego, dependiendo del momento uno puede jugar los tres roles del conflicto de manera secuencial). El grito de batalla para criticar el incremento de ciclistas es que “violan las reglas”. Y no hay duda que muchos ciclistas violamos las reglas de tránsito. Sin embargo, sería descabellado decir que la violaciones al reglamento de tránsito son mayores (o con mayores consecuencias) entre ciclistas que cuando somos automovilistas (e incluso, peatones).

Gil Gamés cada año muestra su preocupación por el “movimiento ciclista“. Ha escrito un par de artículos quejándose, donde dice que  la mayoría de los ciclistas violan todas las reglas de tránsito. Sabrá él cómo le hace para contar.

En días recientes Joaquín López Dóriga en su noticiero de televisión ha hecho dos notas sobre ciclistas (aunque no es la primera vez que deja ver su anticiclismo,la vez pasada la nota le salió mal porque sin querer terminó mostrando que las bicis no son el problema). La verdad, vale mucho la pena verlas, resalta cómo están hechas con más mala fe que con buena información.

En la primera nota muestra cómo una conductora de auto golpea a un ciclista y en vez de detenerse a ayudarlo se trata de dar a la fuga. Sin embargo el enfoque de la nota son las supuestas violaciones a la ley del ciclista y no de la automovilista. Incluso entrevistan a un funcionario de la PGDJF que dice algo que no es cierto. Los ciclistas no se deben pegar a la derecha según el reglamento de tránsito metropolitano, sino que deben ocupar un carril , que sea el de la derecha. Si el carril de hasta la derecha está ocupado por un coche estacionado (como se puede ver en el video), evidentemente el carril que sigue es el que debe ser ocupado. De no hacerlo así iría entre dos carriles (cosa que sólo se puede hacer durante un semáforo en alto). No sólo eso, la reportera dice que vienen más personas en la bicicleta de las que permite la ley, lo cual es falso. La ley sólo dice que no debe de ir un pasajero entre el manubrio y el conductor, en el video no se nota y la reportera no aclara si el pasajero va sentado como debe o no. Ni el casco ni los guantes son obligatorios. Por lo tanto, en todo caso, solo habría una potencial violación al reglamento por parte del ciclista, aunque no se ve en el video ni lo menciona la periodista, y es que aunque es evidente que la bicicleta va a dar vuelta a la izquierda no sabemos si levantó o no la mano para indicarlo. En contraste, atropellar a alguien cuando vas en un coche (sin considerar si estabas respetando el límite de velocidad o no), e intentar darte a la fuga, no sólo es una violación a la ley sino lo que se conoce como una chingadera. Creo que no soy la única persona que cree que si alguna regla de civilidad es más importante que respetar el reglamento de tránsito, esta es ayudar a un desconocido una vez que le hiciste daño involuntariamente (en serio todavía no puedo creer que ese no sea el centro de atención de la nota).

La segunda nota es al menos tan mala como la primera, aunque tiene la ventaja de mostrar sin querer, cómo el problema del “respeto a las reglas” es más complicado que un simple “respeto a las reglas”. Para mostrar a ciclistas violando el reglamento de tránsito, sobre todo en sentido contrario, hicieron varias tomas en el cruce de avenida Chapultepec y avenida Cuauhtémoc (después por algún motivo inexplicable termina la nota en un altercado entre dos autos y un motociclista ¿no que el problema eran las bicis?). Que hayan escogido ese lugar es una verdadera joya, porque pese a tener ciclovías marcadas, casi toda la infraestructura está construida en favor de los autos y en contra de peatones y ciclistas. Casi no existe el momento en que se puede cruzar una sola calle sin que de alguna otra calle vaya a dar vuelta un coche; y los semáforos no duran suficiente para que un peatón puede cruzar caminando con calma. No por nada ese cruce es conocido como “el cruce de la muerte”.

cruce

El cuál se ve así en la gráfica de calor de accidentes de “Diagnóstico espacial de accidentes de tránsito” (2005, antes del Metrobús y los carriles para bici. Más rojo más accidentes, más azul menos).

caloraccidnetes

 Esto sigue sin resolver el asunto de si desde la bicicleta se deben respetar las reglas de tránsito o no. En general supongo que se deben respetar, pero también entiendo por qué, al igual que a los peatones, la vara con la que se mide el respeto a las reglas debe ser distinta que con la que se mide a los automóviles. Casi toda la infraestructura de la ciudad está construida en favor de los coches (¿cómo puede un peatón llegar a la glorieta del ángel usando un cruce peatonal?), y por tanto resulta más fácil cumplir las reglas en coche que en bici o a pie. Esto en parte tiene como consecuencia que en esa infraestructura tanto ciclistas como peatones lleguemos a creer (tal vez de forma equivocada) que es más seguro/práctico violar las reglas que cumplirlas. Es decir si la carga de la indignación sobre la violación de las reglas la debe de llevar algún modo de transporte, no sólo por la cantidad de violaciones y gravedad de consecuencias directas (que ahí seguro pierde el coche), sino por el costo de cumplir las reglas, entonces la indignación pública y en prensa se debería ir sobre los coches y no sobre las bicis o peatones.

En el caso de las bicicleta hay buenos argumentos para decir no sólo que la aplicación de ley debe ser distinta, sino que la ley misma debería de tener especificaciones para ciclistas distintas por razones prácticas (¿si se acuerdan que la bici no trae ni motor ni carrocería verdad?). Un ejemplo de ello es que el reglamento de tránsito en la ciudad de México deja que las bicicletas rebasen entre carriles sólo durante una semáforo en rojo para ponerse hasta delante de la fila de coches y hacerse visible. Cosa que no pueden hacer las motos. Otro ejemplo son las leyes que hay en algunos lugares determinando que en bicicleta uno se puede cruzar los semáforos en rojo. Por ejemplo en Bélgica, Francia (gracias, Edy!) y Idaho. No puede ser tan difícil notar que no es lo mismo andar en bici, que a pie, y que en coche, y que por tanto lo que uno hace y las consecuencias de ello en cada modo de transporte son tan distintas como lo deberían de ser las reglas, sanciones, e infraestructura.

 


Por cierto nunca sobra darle una leída al manual del ciclista urbano.