Con una incesante lucha en el terreno de la política y lo social,
Patricia Mercado evoca los pecados para revisar la situación de las mujeres de frente a la coyuntura contemporánea…
1 ¿SOBERBIA?
La
soberbia impone y no reconoce al otro, a la otra. La sociedad ha sido
muy soberbia con la mujer, plantándose por encima de sus deseos,
imponiéndole una falta de reconocimiento. Todavía hay mucha
invisibilización de lo que una mujer puede hacer, esto a partir de una
sociedad que se pone a través sobre todo de un cuerpo masculino; no es
que los hombres sean los responsables y los culpables sino que a través
de este cuerpo masculino se nulifica lo que las mujeres hacen, dicen y
crean.
2 ¿AVARICIA?
La miro en las parejas con
dinero, aunque muchas veces pensamos que las víctimas son mujeres
pobres, también las mujeres con recursos sufren porque a las adineradas
resulta que tampoco les ponen nada a su nombre, por ejemplo, la factura
de la joya o el auto que les regalan están a nombre del marido. Se
aplica un sentido de avaricia: no darle a la otra el poder de tener,
porque si tiene entonces puede ser independiente, al ser independiente
interpela y la relación se vuelve entre iguales y eso no es posible así
que entonces hay que negar la posibilidad de que la mujer tenga a su
nombre la propiedad de la casa o que tenga dinero para disponer de
autonomía.
3 ¿GULA?
La mujer ha sido reprimida en
ese tener hambre. Creo que si las mujeres realmente quisieran comerse
el mundo cambiaría algo. Lo que tenemos es que cuando la mujer quiere
comerse el mundo es para dárselo a los hijos o al marido. Hay un hambre
para que los otros estén bien. En realidad a ninguna mujer se le
permite desear con apetito voraz. Al final a cualquier mujer se le dice
que debe “cerrar la boca para verse más bonita”.
4 ¿IRA?
Me
la provoca lo que sucede en Ciudad Juárez; hay cosas que te rebasan.
Podemos decir lo que sea sobre las maquiladoras pero le dieron trabajo
a miles de mujeres que salían de esas fábricas encantadas: fuertes,
poderosas y autónomas. Esa fuerza fue reprimida, hoy salen asustadas y
cuidándose; hoy hay un ambiente de temor y no solo es ahí, sabemos que
es en otros lugares del país. En otro sentido también sabemos que todos
los excesos son malos, las mujeres que reaccionan con mucha rabia
generalmente pierden, es uno de los pecados que no debemos permitir
porque nos arriesgamos a tomar caminos equivocados. Tenemos que ser
mucho mas racionales para poder dar el salto: para convencer a los que
tengamos que convencer o forcejear con los que quieran forcejear, pero
más desde la razón.
5 ¿ENVIDIA?
Se dice que los
hombres generan la competencia y las mujeres la envidia. La competencia
en nuestra soledad se convierte en algo desleal y destructivo, y sí, lo
hacemos mucho entre mujeres; ojalá envidiáramos a los hombres, pero yo
creo que en todo caso estamos empezando a competir con los hombres
mientras seguimos envidiándonos entre mujeres. Aunque es un sentimiento
universal las mujeres lo usamos entre nosotras con el entendido de: “No
compito contigo para ver quién es mejor, voy a trabajar para que tú que
eres muy buena ya no lo seas”. Es un sentir destructor porque genera
más frustración; sin duda debemos cambiar.
6 ¿PEREZA?
Ése
es el pecado que está mas lejos de las mujeres. Las mujeres nunca
descansan, es algo que no se pueden permitir: se levantan temprano,
alistan a los hijos, van al trabajo, vienen, cocinan, educan; una y
otra vez todos los días volver a empezar. El ocio es una de las cosas
que culturalmente se les ha negado más a las mujeres y por supuesto que
las mujeres nos hemos negado. No hay manera de darnos ese disfrute que
es efectivamente sentarte y no hacer nada, dormirte temprano o
levantarte tarde. Las mujeres tienen siempre hambre de tiempo; hambre
de que les alcance el día para hacer más y más. Claro que hay todo tipo
de mujeres, pero me parece que la mayoría tenemos todavía esa hambre de
tiempo para cumplir con todas las responsabilidades.
7 ¿LUJURIA?
Yo
creo que en esto sí vemos un cambio, en los últimos años las mujeres
están aprendiendo a dejarse vivir en sus placeres, a sentirse libres de
sentir, pero sobre todo a no existir con esto de que las mujeres
podemos disfrutar la pasión, el amor o el sexo sólo cuando hay un
proyecto de vida, como extensión del otro; es decir de la pareja. Ahora
me parece que de una manera muy íntima se ha convertido en la aventura
para redescubrirse en lo individual.