Ciudadanizar la política

Que bueno  que José Woldenberg sigue con su cruzada en contra de la idea de ciudadanizar la políticas. Da la sensación que es una batalla que debió empezar hace meses pero por algún extraño motivo pocos se atrevieron a cuestionar al excaciller cuando hizo su propuesta.

José Woldenberg

Ciudadanos y políticos

1

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Cuando estudiaba en la Preparatoria Cuatro (Vidal Castañeda y Nájera)
de la UNAM, la maestra de lógica, Eufrosina Astorga Ochoa, hacía el
siguiente ejercicio. Formulaba: "Todos los mexicanos son seres humanos,
pero no todos los seres humanos son mexicanos. ¿Qué observamos en esos
enunciados?" Y por supuesto la respuesta estaba y está a la vista: el
conjunto "seres humanos" es mucho mayor que el de "mexicanos", nos
cobija a nosotros y a muchos otros más: guatemaltecos, húngaros,
italianos, nigerianos, etcétera. El concepto "seres humanos" -decía la
maestra- es el "género próximo" y las nacionalidades son "las
diferencias específicas". Así, podemos afirmar que los mexicanos somos
seres humanos con una diferencia específica en relación a otros
subconjuntos de seres humanos: nuestra nacionalidad.

El ejemplo parece elemental, y lo es. Pero vale la pena traerlo a
cuenta ahora que algunos dividen a la sociedad mexicana en políticos y
ciudadanos. Siguiendo a la maestra Astorga Ochoa, podríamos afirmar:
"todos los políticos son ciudadanos, pero por supuesto no todos los
ciudadanos son políticos". Es decir, los políticos son un subconjunto
de los ciudadanos, como los médicos, los bailarines, los que hacen
tortas, los choferes, los vendedores ambulantes. Todos ellos son
ciudadanos, pero si nos acercamos más, podemos observar que la división
social del trabajo cristaliza subgrupos de ciudadanos mexicanos. Desde
esta perspectiva, contraponer ciudadanos y políticos resulta tan
absurdo como hacerlo entre seres humanos y mexicanos.

2. Supongamos que un grupo de personas quieren ser médicos. ¿Qué les
recomendaría usted? Imagino que les diría que estudien medicina, de tal
forma que adquieran los conocimientos, capacidades y destrezas para
ejercer esa profesión.

Supongamos ahora que otro grupo de personas desea trabajar en unas
fábricas maquiladoras. Quiero pensar que lo más recomendable sería que
se acercaran a esos establecimientos a pedir trabajo.

Una última suposición: tenemos a un conjunto de individuos que quieren
ser choferes de taxi. Sin duda tendrían la necesidad de aprender a
manejar, estarían obligados a obtener su licencia, y a partir de ese
momento eventualmente podrían incorporarse al gremio de los taxistas.

Ahora bien, que haría usted, si esos grupos empezaran a decir:
"ciudadanicemos la medicina", "hay que llevar a auténticos ciudadanos a
las maquiladoras", "es tiempo que los coches de alquiler sean
conducidos por ciudadanos". Imagino, de nuevo, que esas proposiciones
arrancarían una catarata de carcajadas.

Y sin embargo, cuando escuchamos eso mismo para la política hay quien
piensa que se trata de una proposición seria. "Ciudadanicemos la
política" es una formulación que a pesar de ser absurda, conmueve a
muchos y otros más la enarbolan como estandarte y hasta como programa
de acción. Contraponen a ciudadanos y políticos como si el primero no
fuera un conjunto que por supuesto abarca a los segundos. Repito: todos
los políticos son ciudadanos, pero no todos los ciudadanos son ni deben
ser políticos.

La formulación correcta tendría que ser similar a los que aspiran a ser
médicos, trabajadores o choferes (o actores y actrices o patinadores
sobre hielo o boxeadores): como ciudadanos queremos hacer política y en
ese momento convertirnos en políticos (pueden ser amateurs o
profesionales, de tiempo completo o medio tiempo, buenos, malos o
regulares, de izquierda o de derecha), pero si hacen política serán
parte de ese subconjunto de mexicanos a los que se les denomina -y con
razón- políticos. Porque cuando nos dicen que aspiran a ser diputados,
senadores, gobernadores o presidente de la República y seguir siendo
"ciudadanos", construyen un enunciado tramposo, bueno solamente para
engañar a quien tenga deseos de ser engañado o a quien no se dé cuenta
del truco. Por supuesto que seguirán siendo ciudadanos, pero con una
característica singular: la de ser políticos.

Y es que ni modo -olvidemos el catecismo anterior- en las sociedades
masivas, la división del trabajo no es un capricho de alguien o de
algunos. Es un resultado "natural" de la necesidad que tiene una
comunidad humana de realizar múltiples tareas que no pueden ser
desarrolladas por todos. Y desde esa perspectiva, también la política
suele requerir de un conjunto de profesionales que la hagan posible.
Por eso la política -incluyendo la democrática- siempre tiene y
requiere una fórmula de representación, en donde el conjunto de la
sociedad delega en algunos representantes las tareas de gobierno y
legislativas.

El problema entonces no puede ser que los políticos no sean ciudadanos
o que requiramos "ciudadanizar a la política", sino que entre
representados y representantes no se construya un océano que haga que
los segundos se escindan por completo de los primeros, o que los
representados sientan y piensen que la política es una esfera despegada
de la sociedad.

Lo que requerimos es incrementar la participación política (que más
ciudadanos se incorporen a esa esfera) y construir mejores puentes de
comunicación entre representados y representantes, entre ciudadanos que
hoy le dan la espalda a la política y ciudadanos políticos. Pero poco
ayuda en ese sentido la demagogia de quienes queriendo (legítimamente)
hacer política no asumen su definición de políticos o peor aún los que
intentan negar su carácter de ciudadanos a los que ahora aparecen en
cargos públicos o al frente de los partidos.

3. "Al pan, pan y al vino, vino". Se trata de una añeja pero sabia
conseja popular que pregona que hay que llamar a las cosas por su
nombre, sin maquillajes ni edulcorantes. Así, un futbolista es un
futbolista, si se quiere, un ciudadano futbolista; un mesero es un
mesero, y si se quiere un ciudadano mesero. Pero por supuesto, sabemos
que el calificativo de "ciudadano" sobra, porque está implícito. Se
trata de una condición que en nuestro caso se desprende de la
nacionalidad y de la edad (a partir de los 18 años), de tal suerte que
resulta innecesario repetirlo. De igual modo quien se dedica a la
política es un político, y si se quiere se le puede decir ciudadano
político; pero al igual que entre los futbolistas, los meseros, los
plomeros, no podrá sacudirse la definición que lo singulariza como
integrante de un subconjunto de ciudadanos: los políticos.

De tal forma que si no ando muy errado, habría que sugerirles a los
ciudadanos que quieran hacer política, algo similar a lo que les
diríamos a aquellos que desean ser médicos, taxistas o trabajadores en
la maquila: "éntrenle".

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Publicado en: General

Un comentario en “Ciudadanizar la política

  1. Yo pienso que la vocación política es un caso especial puesto que llama a todos los ciudadanos con intensidad que no puede dejar de atenderse. Aquí el argumento de la dicisión social del trabajo no alcanza. Y es que todo se torna claro desde el momento que nos damos cuenta que «ciudadano», es un termino eminentemente político. En Grecia, la calidad de ciudadanos la tenían solamente los hombres libres de las polis, y ellos tenían derecho a participar en los debates del ágora y a votar las decisiones que a toda la comunidad interesaban. La ciudadanía anuque nominalmente (de derecho) se adquiere con la mayoría de edad, en realidad exige méritos bien precisos, el mayor de los cuales es la participacíón en lo que incumbe al ciudadano, en la política desde luego. El defecto de la democracía representativa en México y otros muchos lugares, es que como dice Don José, se crea un abismo, un oceano entre representantes y representados. Esto se sostiene y medra gracias a la falta de cultura política en los ciudadanos que casi siempre lo son de apelativo solamente, que no de hecho. Entre más politizados (ya políticos, aunque no compitan en elcciones ni las organicen) sean los ciudadanos menos tolerarán la imposición de ineptos y corruptos, ni el secuestro de los partidos por facciones que no representan nada ni nadie.

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