Racismo

 
                  
 

               

               

                  

               

               

                  

 
                   
José Antonio Aguilar Rivera   
 
    10 de octubre    de 2005
 

Racismo
 
      

 
HAY muchas razones por las que el despido de Santiago Levy es
lamentable. Como en el caso del fallido aeropuerto en Atenco, esta
decisión muestra que el gobierno actual no sabe actuar con decisión y
firmeza en los temas prioritarios para el país. Como los irresponsables
gobiernos del pasado, el actual transfiere la resolución de agudos
problemas a generaciones futuras de mexicanos. Sin embargo, el gobierno
de Fox no sólo está dispuesto a poner en duda la viabilidad del IMSS en
el mediano plazo; también ha alentado algunos de los sentimientos más
bajos en la sociedad mexicana.


En efecto, en el movimiento de los trabajadores del Seguro Social se
alberga un sector racista y antisemita que se expresó abiertamente en
su lucha en contra de la reforma del instituto. En el edificio del
IMSS, en Paseo de la Reforma, hicieron una pinta muy significativa en
la que se jactaban: "Sí sacamos al judío". A ellos les dio la razón Fox
al despedir a Levy. Los sindicalistas no temen utilizar suásticas en
sus mensajes. Otras pintas, adornadas con la cruz gamada, eran: "Levy,
cerdo judío" y "Fuera Levy".


Sería muy sencillo descartar estos hechos aduciendo que se trata de
ofuscados grupúsculos, poco representativos de la mayoría. Sin embargo,
lo notable es que estas expresiones hayan sido toleradas abiertamente
por el sindicato y por la sociedad mexicana. Uno puede ser racista por
acción o por omisión. La tolerancia con el racismo no es una virtud,
sino un acto de complicidad. Si el sindicato del IMSS no comparte esas
posiciones antisemitas, ¿por qué no borró las pintas y sancionó a los
autores? ¿Por qué la prensa no le ha dado cobertura a estos reprobables
hechos? La negligencia habla de una sociedad que no ha reconocido
cabalmente que ha sido victimaria de grupos minoritarios. ¿Racismo? Eso
sólo existe en Estados Unidos en contra de nuestros paisanos.


Esta es nuestra mentira patria. Va más o menos así: los mexicanos, a
diferencia de los estadounidenses, no despojaron y exterminaron a sus
indios. No fueron, como los anglosajones, racistas. Su mayor
"tolerancia" étnica los llevó a mezclarse con ellos para así forjar la
raza de bronce. En México la solución al "problema" indígena fue más
humanitaria y civilizada. Sin embargo, como afirma Alan Knight, el
racismo no sólo se nutre del determinismo genético. El rasgo distintivo
del racismo es la justificación de la desigualdad entre las personas de
acuerdo a criterios deterministas. La teoría del mestizaje era racista:
"El equiparar etnia y raza y el suponer que éstas determinan
importantes características adscriptivas con tal fuerza que, en
términos prácticos, se vuelven inmutables, es caer presa del racismo,
aun cuando no se aduzca que esas características se encuentran
genéticamente determinadas".


Además de la xenofobia de grupos militantes en los años 30, en México
los judíos también han sido víctimas simbólicas del mestizaje. En un
país cuyo credo étnico era la mezcla primigenia entre españoles e
indígenas, los judíos ocuparon un lugar incierto. Fueron excluidos del
imaginario nacional y ello fortaleció una identidad separada. Como
afirma Judit Bokser: "El recurso conceptual y político de designar por
medio de grupos étnicos caracteres sociales y nacionales, y viceversa,
reforzó la centralidad de la dimensión étnica en el proyecto de
construcción de la realidad nacional. El concepto racial se convirtió
en un símbolo de un conglomerado social, y gracias a él el mestizo fue
accediendo a un carácter mítico y profético. Sería el depositario de la
misión de unificar la nacionalidad mexicana, misma que debía estar
mediada por la fusión étnica y la disolución grupal precedente.
Mientras que en esta misión el indígena era el `otro` susceptible de
asimilación, el extranjero no fundador de la fusión originaria sería
fuente de cuestionamiento".


Los judíos en México no han tenido muchas razones para integrarse a una
sociedad que los veía, en el mejor de los casos, como una anomalía en
una nación supuestamente mestiza. Ha sido un signo alentador que en los
últimos años un número de judíos, entre ellos Levy, haya comenzado a
ocupar importantes posiciones públicas. No es una coincidencia que esta
visible participación coincida con la decadencia del nacionalismo
revolucionario en México y sus mitos fundacionales. La crisis simbólica
ha abierto espacios de inclusión a quienes la nación mestiza había
dejado fuera de la inmensa mezquita de la patria mexicana. Lo alarmante
no es que existan individuos racistas, sino la ausencia de una reacción
clara y contundente que condene estas expresiones; es un escándalo que
no haya escándalo. Y esa es una responsabilidad de todos nosotros.

Analista Político
 

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: General