| HAY muchas razones por las que el despido de Santiago Levy es lamentable. Como en el caso del fallido aeropuerto en Atenco, esta decisión muestra que el gobierno actual no sabe actuar con decisión y firmeza en los temas prioritarios para el país. Como los irresponsables gobiernos del pasado, el actual transfiere la resolución de agudos problemas a generaciones futuras de mexicanos. Sin embargo, el gobierno de Fox no sólo está dispuesto a poner en duda la viabilidad del IMSS en el mediano plazo; también ha alentado algunos de los sentimientos más bajos en la sociedad mexicana. En efecto, en el movimiento de los trabajadores del Seguro Social se alberga un sector racista y antisemita que se expresó abiertamente en su lucha en contra de la reforma del instituto. En el edificio del IMSS, en Paseo de la Reforma, hicieron una pinta muy significativa en la que se jactaban: "Sí sacamos al judío". A ellos les dio la razón Fox al despedir a Levy. Los sindicalistas no temen utilizar suásticas en sus mensajes. Otras pintas, adornadas con la cruz gamada, eran: "Levy, cerdo judío" y "Fuera Levy".
Sería muy sencillo descartar estos hechos aduciendo que se trata de ofuscados grupúsculos, poco representativos de la mayoría. Sin embargo, lo notable es que estas expresiones hayan sido toleradas abiertamente por el sindicato y por la sociedad mexicana. Uno puede ser racista por acción o por omisión. La tolerancia con el racismo no es una virtud, sino un acto de complicidad. Si el sindicato del IMSS no comparte esas posiciones antisemitas, ¿por qué no borró las pintas y sancionó a los autores? ¿Por qué la prensa no le ha dado cobertura a estos reprobables hechos? La negligencia habla de una sociedad que no ha reconocido cabalmente que ha sido victimaria de grupos minoritarios. ¿Racismo? Eso sólo existe en Estados Unidos en contra de nuestros paisanos.
Esta es nuestra mentira patria. Va más o menos así: los mexicanos, a diferencia de los estadounidenses, no despojaron y exterminaron a sus indios. No fueron, como los anglosajones, racistas. Su mayor "tolerancia" étnica los llevó a mezclarse con ellos para así forjar la raza de bronce. En México la solución al "problema" indígena fue más humanitaria y civilizada. Sin embargo, como afirma Alan Knight, el racismo no sólo se nutre del determinismo genético. El rasgo distintivo del racismo es la justificación de la desigualdad entre las personas de acuerdo a criterios deterministas. La teoría del mestizaje era racista: "El equiparar etnia y raza y el suponer que éstas determinan importantes características adscriptivas con tal fuerza que, en términos prácticos, se vuelven inmutables, es caer presa del racismo, aun cuando no se aduzca que esas características se encuentran genéticamente determinadas".
Además de la xenofobia de grupos militantes en los años 30, en México los judíos también han sido víctimas simbólicas del mestizaje. En un país cuyo credo étnico era la mezcla primigenia entre españoles e indígenas, los judíos ocuparon un lugar incierto. Fueron excluidos del imaginario nacional y ello fortaleció una identidad separada. Como afirma Judit Bokser: "El recurso conceptual y político de designar por medio de grupos étnicos caracteres sociales y nacionales, y viceversa, reforzó la centralidad de la dimensión étnica en el proyecto de construcción de la realidad nacional. El concepto racial se convirtió en un símbolo de un conglomerado social, y gracias a él el mestizo fue accediendo a un carácter mítico y profético. Sería el depositario de la misión de unificar la nacionalidad mexicana, misma que debía estar mediada por la fusión étnica y la disolución grupal precedente. Mientras que en esta misión el indígena era el `otro` susceptible de asimilación, el extranjero no fundador de la fusión originaria sería fuente de cuestionamiento".
Los judíos en México no han tenido muchas razones para integrarse a una sociedad que los veía, en el mejor de los casos, como una anomalía en una nación supuestamente mestiza. Ha sido un signo alentador que en los últimos años un número de judíos, entre ellos Levy, haya comenzado a ocupar importantes posiciones públicas. No es una coincidencia que esta visible participación coincida con la decadencia del nacionalismo revolucionario en México y sus mitos fundacionales. La crisis simbólica ha abierto espacios de inclusión a quienes la nación mestiza había dejado fuera de la inmensa mezquita de la patria mexicana. Lo alarmante no es que existan individuos racistas, sino la ausencia de una reacción clara y contundente que condene estas expresiones; es un escándalo que no haya escándalo. Y esa es una responsabilidad de todos nosotros.
Analista Político |