La crisis intolerante del IMSS Indignantes los insultos contra Santiago Levy, pero igual la falta de reacción de la sociedad en general ante pronunciamientos inaceptables El reciente cambio en la dirección general del Instituto Mexicano del Seguro Social es un recordatorio de lo mucho que nos falta por recorrer para inaugurar la modernidad del país. Nos recuerda que la debilitación de instituciones es deporte nacional. Que el aparato político no se intimida por la erosión permanente que hacemos a instituciones que tanto trabajo costó construir, que se prefiere el avance de los intereses de grupo al respeto de los derechos de las mayorías, que no tenemos ni en el Ejecutivo ni en el Legislativo líderes que vean la protección de las instituciones como una actividad prioritaria. El IMSS es una de las instituciones que más necesita el país para proveer el bienestar de la población de que tanto hablan los políticos y los candidatos. Sin embargo, parece que nos empeñamos en debilitarlo financieramente para que muera de inanición en el no muy lejano futuro. Las reformas aprobadas el año pasado para que no pudieran dedicarse recursos corrientes al pago de contingencias de retiro para los nuevos trabajadores del IMSS, a menos de que estuvieran plenamente provistas, es un paso en la buena dirección, pero altamente insuficiente: no evita que el instituto siga actuarialmente quebrado y que se tenga que escoger entre gasto en salud y las pensiones de estos trabajadores. A pesar de que el remedio es claramente insuficiente para la enfermedad diagnosticada, se ha gastado un enorme capital político en legislar el cambio y, ahora, en la aplicación obligatoria de la ley. El sindicato, por su lado, pelea esta medida parcial para evitar el precedente de una reforma y, sobre todo, porque disminuye su poder clientelar por la disminución de contrataciones en que resulta la medida por la restricción presupuestaria. La renuncia forzada nos recuerda también que en el país hay muchos que piensan incluido el sindicato, algunas personas en el gobierno y hasta legisladores que las leyes deben aplicarse sólo si nos gustan. Que es posible discutir y hasta consensuar la no aplicación de la ley sin necesidad de modificarla democráticamente. Que algunos funcionarios públicos no recuerdan que al asumir sus puestos protestan, bajo el artículo 128 de la Constitución, guardar ésta misma y las leyes que de ella emanen. Pensiones, una bomba Por otro lado, los cambios en el IMSS nos deberían llevar también a una reflexión sobre el problema que implican las pensiones de sus trabajadores, de los del ISSSTE, los gobiernos estatales, Pemex, CFE, Luz y Fuerza, universidades públicas, bancos de desarrollo y otros. Ésta es una bomba de tiempo que tenemos, todos, que desactivar pero que, como no urge de un día para otro, los políticos prefieren posponer y heredarle un problema mayor a las siguientes generaciones. Las reformas esenciales del país giran en torno a la solución a este problema: por un lado, los principales opositores a las reformas estructurales son los sindicatos que representan a los futuros jubilados. Se oponen a la reforma laboral para no perder poder sobre trabajadores y empresas, se oponen a la reforma energética porque se saben dueños de las empresas del sector, se oponen incluso a la reforma fiscal que tenía como propósito obtener recursos para pagar las pensiones. Por otro, la única manera de fondear sus pensiones es con instituciones financieramente sólidas y esto no se dará sin las reformas estructurales. El colmo: los que más necesitan las reformas son sus principales opositores. ¿Por qué? Porque ellos piensan, equivocadamente como la mayoría, que sus pensiones son deuda pública y están garantizadas por el gobierno y serán sufragadas por los contribuyentes sin chistar. Esto, no obstante, es incorrecto: el director general del IMSS puede ser una persona muy importante, Ricardo García Sainz por ejemplo, pero no tiene facultades para endeudar al país aunque haya firmado generosos contratos colectivos. La Constitución confiere al Congreso en la fracción VIII del artículo 73 la facultad de endeudamiento. El corolario es que si las pensiones no son deuda pública, el IMSS, el ISSSTE, Pemex y los otros pueden quebrar y verse incapacitados para pagar las pensiones. La solución es una renegociación de éstas que reconozca la deuda contingente acumulada hasta la fecha y de ahora en adelante que todos los trabajadores se sometan al mismo trato que reciben el resto: afores con cuentas individuales. Sin embargo, esta renegociación que asegura las pensiones de los trabajadores y que garantiza la solvencia financiera de las instituciones debe darse a cambio sólo de la aprobación de las reformas estructurales. Racismo sin condena Finalmente, las demostraciones racistas del sindicato del IMSS nos recuerdan la enorme pobreza en materia de tolerancia que tenemos en México. Indignantes son los insultos proferidos en contra de Santiago Levy, pero igualmente indignante es la falta de reacción de la sociedad en general ante estos pronunciamientos a todas luces inaceptables. En un país más civilizado, los agravios injuriosos hubiesen recibido una condena universal de toda la clase política y todos los medios de comunicación. En México, pasaron casi desapercibidos excepto por un par de periódicos, y algunos columnistas y la muy notable posición de Patricia Mercado de Alternativa Socialdemócrata y Campesina. ¿Dónde estaban los congresistas tan prestos a pasar puntos de acuerdo sobre temas irrelevantes? ¿Dónde estaban la izquierda y los defensores de los derechos de las minorías? ¿Dónde el sector privado que exige el apego a la ley? Parecemos a veces un país ahistórico donde pueden ser aceptables, o incomprensibles, gestos que en otros lugares han sido proscritos por su carga moral y su simbolismo inaceptable. Un país en que no se condena llamar a un funcionario ejemplar "cerdo judío" y en que se toma protesta para presidente de la República o de la cámara local de comercio con un saludo fascista desterrado del resto del mundo. El autor es socio de De la Calle, Madrazo, Mancera, S.C. (CMM). buzon@cmmsc.com.mx |