Un Secretario Fundamentalista y Un Subsecretario Pistolero

Les
recomiendo mucho leer este artículo de Juan Villoro.
Habla sobre el subsecretario de gobernación que vive armado. Que el encargado de
la política interior del país se siente a negociar con una pistola al cinto me
parece por lo menos grave. ¿Con qué cara los panistas
dicen que son un referente ético? Son senadores panistas los que han promovido y apoyado la reforma a la ley
de armas para incrementar el número de permisos. Lo cual también nos dice que la
derecha ya se dibuja más claramente como la derecha y no como el partido del
cambio. Por suerte la izquierda moderna está por el control de armas. El comité
del DF ya empezó una campaña sobre el control de armas, pero creo que es una
buena oportunidad para que le entremos a nivel nacional. Más armas, más muertos
así de sencillo.

 

Creo que
la mejor pregunta que se hace en el artículo es:

 

“Para
disculpar al político armado, algunos militantes del PAN han dicho que necesita
protección. Nada más cierto, pero el asunto no se limita a eso. ¿Es posible que
en un Estado de derecho un servidor público se defienda por propia mano? ¿En qué
situación pone al resto de la ciudadanía? Si él, que cuenta con cuerpos de
seguridad, decide llevar pistola, ¿qué debemos hacer los hombres comunes:
comprar una AK-47?”

 

Saludos,
Andrés.

 

 

 

La
pistola y la cruz

 Juan Villoro

El
político panista Felipe González escogió la temporada
navideña para mostrar que lleva pistola al cinto. Aunque la imagen sería
grotesca en cualquier municipio, el primitivismo que de ella emana se ve
reforzado porque se trata, nada más y nada menos, que del subsecretario de
Gobernación.

 

Llama a
escándalo que el encargado de conducir los destinos cívicos de la nación apueste
por la política de las armas. También sorprende que sus compañeros de partido se
hayan limitado a reconvenirlo, como si hubiera cometido la falta menor de no
usar corbata en un acto protocolario. Lo que está en juego no es un asunto de
formas o etiqueta sino el desprecio a la conducta cívica y la convivencia
racional.

 

Felipe
González ha sido gobernador de Aguascalientes y aspira a una senaduría. Su larga
trayectoria en la arena pública lo compromete aún más, y compromete a su
partido.

 

¿Es
posible que el "gobierno del cambio" haya traído a un gobernador que asumió como
un compromiso de campaña subirse el sueldo, un diputado "urinominal" que ejerce la micción en la vía pública, un
líder cachondo que despacha en el table-dance y un
subsecretario armado? ¿Quiere el PAN demostrar que la derecha puede ser
tristemente folklórica?

 

¿Tendremos
que leer a Rabina Gran Tagora para saber qué pasa?

 

Como el
eufórico priista Roque Villanueva, que logró que un
común gesto obsceno se convirtiera en la "Roque señal", Felipe González fue
traicionado por un ademán triunfalista: alzó los brazos y dejó a descubierto el
arma que debería inhabilitarlo de toda gestión pública. Interrogado al respecto,
contestó con las evasivas de quien no acostumbra rendir cuentas. Según él,
habían confundido su teléfono celular con una pistola. La estrategia de "niégalo
siempre" no siempre funciona en una realidad donde hay fotógrafos. González fue
retratado como un extra de una película de los hermanos Almada. Por más dañinos que sean los celulares, es imposible
confundirlos con una pistola en regla.

 

La
dramática instantánea remite a las postrimerías de la Revolución, cuando la
política pasaba del campo de batalla a las intrigas de oficina y no era extraño
que un aspirante a líder de hombres comenzara su jornada revisando el cargador
de su revólver. Tal vez de esa época data la arraigada costumbre de recibir a un
político con un cuádruple abrazo, que más que un
exceso afectivo representa una cuidadosa forma del
cateo.

 

En su
excepcional novela La sombra del caudillo, Martín Luis Guzmán describe el
momento en que los generales revolucionarios cambian el caballo por el Cadillac y emprenden campañas electorales sin renunciar del
todo a la violencia. La novela se publica en 1929 y narra la pugna entre los
políticos militares y los políticos civiles, cuyas estrategias muchas veces se
confunden. Dos episodios reales sirvieron de base al narrador: el asesinato del
general Serrano y la rebelión delahuertista. En ese
México de alborada, la insurrección es un argumento que puede ahogar las
contiendas electorales. Un pasaje captura en forma ejemplar aquella época: "¿Qué
pasa cuando dos buenos tiradores andan acechándose pistola en mano? El que
primero dispara, primero mata. Pues bien, la política de México, política de
pistola, sólo conjuga un verbo: madrugar".

 

El
principal desafío político del México postrevolucionario fue el de repudiar esa táctica de amenaza
y madruguete. El llamado de Plutarco Elías Calles en
su último Informe de Gobierno a pasar de la política de las armas a la política
de las instituciones señaló un decisivo cambio de rumbo. Esto no quiere decir
que le haya ido muy bien a la patria. Ya sabemos que el México de Partido Único
promovió la corrupción y encontró las más sofisticadas variantes para actuar en
la impunidad. Pero al menos el México de política de pistola se relegó a la
bronca iconografía de los caciques y los personajes de corrido que dan consejos
a balazos.

 

Pero
ahora, en plena temporada de incienso, Felipe González ha querido que respiremos
el aroma de la pólvora.

 

 

 

Los
Pretextos del Miedo

 

 

Para
disculpar al político armado, algunos militantes del PAN han dicho que necesita
protección. Nada más cierto, pero el asunto no se limita a eso. ¿Es posible que
en un Estado de derecho un servidor público se defienda por propia mano? ¿En qué
situación pone al resto de la ciudadanía? Si él, que cuenta con cuerpos de
seguridad, decide llevar pistola, ¿qué debemos hacer los hombres comunes:
comprar una AK-47?

 

"Hemos
olvidado cómo aparecería el mundo a los ojos de una persona que no hubiera
conocido el miedo", escribió Heidegger. En todas
partes el temor forma parte del catálogo de la experiencia. Esto se recrudece en
México, donde el guión de cualquier noticiero está constituido por asaltos,
secuestros, capturas, condenas y otros episodios judiciales. Sí, resulta
imposible concebir el mundo sin la noción de miedo. Sin embargo, los
criminólogos señalan que portar armas aumenta el peligro. ¿Hay manera de
instruir a González en lo que su investidura representa? Tal vez acepte el
consejo de un cazador que fue a la guerra para escribir Adiós a las armas, Ernest Hemigway: "el coraje
consiste en mantener la gracia bajo presión". No se le
puede pedir a todos los políticos que tengan el temple de los héroes, pero sí
que soporten la presión sin armamento.

 

La
bravuconada del revólver ha llegado en los días más significativos de la
religión cuyo símbolo es lo opuesto a un arma: la cruz, patíbulo de un mártir.
El PAN, que se precia de recoger la herencia cristiana, ha llevado a los altos
mandos de Gobernación a un secretario fundamentalista y a un subsecretario que
usa pistola en temporada de pesebres. ¿Provocará esta mezcla de extremos que se
celebre misa en latín y haya detectores de metales a la entrada de las
iglesias?

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Publicado en: General

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