Estuve el miércoles en la tarde en una discusión-mesa-debate en la Universidad Iberoamericana sobre el espacio público en la político.
En la mesa participaron, Jesús Reyes-Heróles, José Luis Barrios, Gonzálo Sánchez de Tagle y José Castillo.

Parecería increíble pero José Castillo empezó citando el libre de Richard Rorty "Philosophy and Social Hope" libro el cual me jacto de leer hace dos años, y quedar absolutamente fascinado por el pensamiento de Rorty. Que mejor concepto que la "esperanza social".
José Luis Barrios, hizo una muy buena intervención y explicó como en México las instituciones que definen el espacio público estan siendo rebasadas por lo que el llamó "el impulso vital de la sociedad". Por poco pero sin llegar hasta allá uno podría pensar que no le suena mal "¡Al diáblo con sus instituciones!".
Gonzálo Sánchez de Tagle hizo un breve análisis de la definición legal en el contexto mexicano del Espacio Público.
Jesús Reyes-Heróles primero hizo la definición habermasiana y arendtiana (¿así se dice?) del espacio público, después hizo una definición barraganesca, y por último uso la definición económico de bien público.
Yo, empecé diciendo que aunque son interesantes las discusiones filosóficas sobre el espacio público, si estas no tienen consecuencias sobre la vida de las personas, entonces son una banalidad. El espacio público es una consecuencia de las estructuras políticas y económicas, y esa configuarción del espacio público tiene consecuencias sobre la vida cotidiana de las personas. En este momento el espacio publico (es decir, el lugar donde se delibera y decide políticamente) está desfasado con el activismo partcipativo de la sociedad.
En el porfiriato era muy chiquito el espacio público y el acceso era sumamente restringido. Durante la revolución se amplió desordenadamente y sin relga alguna más que la violencia. Las Instituciones de la Revolución lo cerraron y regularon pero de una manera más amplia e incluyente que en el porfiriato. A finales de los 60 y 70 hay una reconfiguración forzada por el moviemiento estudiantil y por las guerrillas. En los ochentas tardías (con la elección del 88) y a principios de los 90 se vuleve a cerrar. Se reabre a finales del Siglo XX con la elección del 2000, pero en realidad no se reconfigura.
El espacio público existente, es el que vi hace unas semanas en Tabasco. Las decisiones políticas importantes se tomaban en negociaciones en un lobby de hotel entre cúpulas partidistas. Cúpulas que representan poco y deciden mucho. Personas a título personal negociando puestos y lugares. Ese es el tan restringido espacio público en tabasco.
Por tanto sugiero reventar el espacio público. Se puede reventar desde adentro y desde afuera. La maravilla de la instituciones democráticas es que poseen el germen de su propia transformación. El ejercicio de las libertades civiles sirve para cambiar instituciones. Es decir, en la democracia, a diferencia de otros sistemas, la naranja se puede pelar desde adentro.
Tu última frase me hace recordar que ese es precisamente el espíritu de la socialdemocracia: transformar desde adentro.