3 días con el PRD o por qué somos otra Izquierda (parte 1)

1) El viernes 15 de septiembre en la noche fui como todos los años, desde hace 11 años, a ver el girto en el zócalo de la Ciudad de México. Ya no tengo ningún gusto particular por los símbolos patrios, aunque confieso que a uno se le pone la piel chinita cuando oye a tanta gente gritar en coro ¡Viva México! El viernes por la tarde un buen amigo me cuestionaba los motivos por los cuales me gustaba ir a rendir culto a los símbolos patrios, y me reprochaba que son símbolos que no toman en cuenta la vida cotidiana de las personas. Mi respuesta fue muy clara, yo voy al zócalo no a celebrar al Jefe o a rendir culto a los muertos, voy a vivir lo que se vive en una noche de fiesta. Estoy seguro que ahí se vive la vida cotidiana, ahí donde una pareja que aún no se conoce muy bien se agarra la mano por primera vez para sobrevivir el tumulto, ahí donde niñas y niños quedan maravillados por los colores de lo fuegos artificiales, ahí donde una joven persigue a su hermano para vacearle el bote de espuma que acaba de comprar, ahí donde uno prueba su brazo de beisbolista con huevos llenos de confetti. Eso es lo que vale la pena del grito.

Este año el grito fue el mejor al que he ido en mucho tiempo, pero también es el peor al que he ido en mucho tiempo. Recuerdo el primer grito de Zedillo, se le desgarró la voz muy pocos alcanzaron a entender lo que gritaba. El desgarramiento de su voz durante el grito para muchos fue la premonición de un presidente débil (no me queda claro que se hayan equivocado).

Después recuerdo el grito de Fox hace dos años. Por algún motivo el sonido no funcionó, entonces nadie oyó los vivas excepto los que estaban hasta adelante. Los de atrás nos enterabamos porque se corría el grito lo que había gritado y fuera de sincronía tratabamos de alcanzar al presidente. En el caso del himno fue peor. Me acuerdo de ver a todos en el balcón de Palacio Nacional cantando, mientras que los que estabamos en la plancha del Zócalo nos volteabamos a ver unos a los otros y decíamos ¿En que parte van? Para cerrar de manera fatal, los fuegos artificiales parecían más los de una fiesta de  quinceañera que los del Zócalo. Duraron muy pocos minutos y parecían chispazos aislados. La cereza en el pastel era Martha Fox en el peor momento de sus aspiraciones presidenciales, sintiendo que reencarnaba a Evita Perón saludando y mandando besos al aire.

Este año fue mucho mejor. Habían muchas muchas bocinas y la voz de Encinas retumbó en todo el zócalo. Esto no sólo se lo atribuyo al sistema de sonido, sino a que Encinas claramente tiene una complexión más parecida a la de Pavarotti que a la de Zedillo. También me pareció mejor el balcón del Palacio del Ayuntamiento que el del Palacio Nacional. El balcón de la oficina del Jefe de Gobierno está más cerca del piso y los elementos de seguridad permitieron que las vallas estuvieran muy cerca del edificio. Es decir, uno se podía acercar y ver muy de cerca al Jefe de Gobierno. En el balcón no estaba sólo la esposa de Encinas (me parece genial que nadie sabe como se llama y que no juega ningún papel protagónico, ojalá y Mariagna Pratts siga su ejemplo aunque lo veo difícil) también estaba el Secretario de Gobernación y Rosario Ibarra. Y por supuesto que el GDF se encargó de lucirse con los fuegos artificiales.

Sin embargo también fue el peor grito al que he ido. En realidad no fue un festejo del 16 de septiembre, sino que fue un mitin del PRD. Nunca había ido a un grito en donde casi todas las banderas fueran las de un partido político, nunca había ido a un grito en donde me sentí excluido por el resto de los aistentes. Es decir, ellos estaban ahí con un sentido de pertenencia que aquellos que no somos perredistas no compartimos. Nunca había ido a un grito en donde la mayor parte de los gritos del público asistente eran en apoyo a un excandidato a la Presidencia de la República. No me gustó escuchar durante una hora "es un honor estar con Obrador" y "fuera Abascal" (y eso que yo pienso; Sí, fuera Abascal). Ya pensaba yo que los 15 de septiembre de un AMLO presidente serían la pesadilla del regreso al corporativismo en donde habrían mantas de los Panteras y Panchos Villas en apoyo al Sr. Presidente. Sin ser Presidente, logró un 15 de septiembre más de arenga política y menos de verbena popular.

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Publicado en: General