Apenas creo que me voy dando una idea de cómo reaccionar a la victoria de Donald Trump en las elecciones en Estados Unidos. Me resultó tan inesperado el resultado electoral, que no había pensado mucho en por qué podría suceder y qué significaría para México. Unos días antes del día de la elección me invitaron a ir a al programa de Leo Zuckermann en Foro Tv para discutir el resultado. Todo el tiempo estuve pensando en qué podría decir interesante sobre lo que me parecía una obvia victoria de Hillary Clinton. Sin embargo mientras me preparaba para el programa, recordé a un profesor de Princeton, que el 23 de mayo de este año, me llamó a su oficina y me preguntó “¿Qué está haciendo México ante la muy posible victoria de Donald Trump?”. Le dije que no sabía y que por lo que se leía en la prensa el gobierno mexicano no estaba haciendo mucho. También le dije que creía que en parte eso se debía a que o no ganaría o no haría lo que decía en campaña si es que llegaba al gobierno. Me vio con cara de espanto, como diciéndome “no puede ser que no se den cuenta lo que viene”,  y me explicó por qué el creía que sí ganaría y por qué esa victoria estaría basada justamente en lo que estaba diciendo en campaña y por tanto lo haría. Hace un mes publicó un artículo con los argumento que me dio sobre por qué Trump puede hacer lo que dijo en campaña que quiere hacer. Una buena lectura para quienes o confían en que fue pura retórica de campaña o para quienes creen que las instituciones estadounidenses van a aguantar la embestida de Trump.

Democrats and Republicans More Ideologically Divided than in the Past

El recuerdo de aquella conversación me llevó a releer un reporte que el profesor me había recomendado sobre la polarización política en Estados Unidos (en aquél momento para entender las dificultades de la reforma de salud) unas horas antes de que salieran los primeros resultados electorales. El reporte lo hizo hace un par de años Pew Research, y lo actualizó el año pasado. Lo que muestran las encuestas de Pew y su cambio a través del tiempo es que Estados Unidos se fue polarizando políticamente de forma sustancial en los últimos 20 años, y aún más los último 12 años. La polarización que describe el reporte de Pew tiene dos vertientes. La primera es partidista, y la segunda es generacional y educacional (en la versión actualizada). Esta polarización es realmente sorprendente vista desde México. En México claro que a veces nos distinguimos entre panistas, priistas, perredistas, lopezobradoristas, etc, sin embargo, me cuesta trabajo imaginar que tantos aspectos de la vida estén definidos por nuestra identidad política. En Estados Unidos la polarización es tal, que hasta el tipo de casa en la que le gusta vivir a la gente es distinta dependiendo si son conservadores (casas grandes fuera de la ciudad), que si son liberales (casas más chicas dentro de las ciudades).

También creo que en México a veces perdemos de vista el nivel de polarización política que hay en Estados Unidos porque efectivamente lo que se exporta y acá consumimos en términos de medios y producción cultural suele ser la parte dominada por los liberales estadounidenses. Tanto Hollywood como medios masivos como CNN o el NYT son el tipo de espacios en los que los estadounidenses liberales “consumen” su información, y que a nosotros nos parece muy “americano”. En México se ha vuelto una obviedad que los valores dominantes en EU son antiracistas, liberales, (algo) igualitarios, etc. Pero no lo son del todo, sólo es lo que más vemos acá sobre lo que se produce allá. Si uno ve también las diferencias en el consumo de medios en EU, la polarización empieza a tener sentido. Un número importante de conservadores básicamente reciben toda su información de Fox News y los liberales campechanean más de varios medios.

Main Source of Government and Political News

Ahora está de moda decir que uno de los problemas de la tecnología y la democracia es que las redes sociales como fesibuk y tuiter  se han convertido en cajas de resonancia. Sin embargo de lo poco que se ha estudiado, resulta que es bastante probable que en una red social te topes con información políticamente contraria a la de tus preferencias. Esto se debe, sobre todo en el caso de feisbuk, a que la red que reproduce es de personas con las que nos hemos relacionado en distintos momentos de la vida y con las cuales nuestra opinión a veces diverge. Es decir gente que no escogemos hoy como amigos, sino que escogimos (o no escogimos) hace muchos años. En cambio la gente que vemos más seguido, nuestros amigos, o compañeros de trabajo, suelen ser personas con las que coincidimos y que podemos optar o no platicar.

Esto lo saco a colación porque la polarización política no es una cosa que existe de antemano y después se capitaliza con objetivos políticos. La polarización se construye de muchas maneras. Se construye entre otras cosas porque sirve para movilizar gente. Sin polarización es difícil que los soldados corran para adelante a la hora de los balazos. Lo mismo pasa en política, sin polarización es más difícil que la gente salga a votar. Fox News y el partido Republicano han construido ya largo rato esa polarización. Empezó desde los setenta, pero incrementó a partir de los noventa. Polarizan porque sirve.

Que me enfoque en la polarización política no quiere decir que descarte las explicaciones que se centran en las condiciones económicas de las personas. Una explicación que se está haciendo popular (por obvia) en la izquierda en EU y también en México, es que el voto por Trump es una respuesta a las condiciones económicas. Puede ser. Sin embargo me preocupa que esta explicación oscurece otros dos fenómenos propiamente estadounidenses. El primero es el que ya describí de la polarización política llevada hasta la vida cotidiana, y convertida en una identidad personal.  Y el otro fenómeno que me parece aún más importante es el que tiene que ver con las jerarquías étnicas/raciales en Estados Unidos y cómo están atadas a una idea de quién merece qué y quién no.

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