Hoy me caí de la bicicleta aparatosamente. Iba sobre el bicicarril de Av. Reforma y al llegar al cruce un Génova un coche en vez de reducir la velocidad para dar vuelta a la derecha después de que yo pasara, aceleró para pasar antes de mi. Con tal de no pegarle al coche, frené de golpe…y como el freno de adelante siempre frena más que el de atrás…salí volando con marometa entera sin soltar la bicicleta. Tal vez yo iba demasiado rápido (sé que hay gente que le quita el freno de enfrente a sus bicis para que no les pase esto). No me pasó mucho, me aplasté los dedos entre el volante y el piso, me raspé la rodilla y me pegué en el muslo. Raspones y moretones, no más.

Ayer anduve en bicicleta muchos kilómetros y en ningún momento estuve cerca de caerme. En total habrán sido 30 kilómetros (incluyendo un viaje de Eje Central y Xola hasta Legaria y San Joaquín). En casi ninguna parte del trayecto hubo carril para biciletas, y como uso el carril completo de los coches, les es más difícil simplmente curzarse enfrente para dar vuelta a la derecha. Para proteger a los ciclistas de las vueltas a la derecha de los coches, ¿es mejor un bicicarril que compartir el carril de la derecha con los coches? No sé. 

Después del golpe (que me va doliendo más poco a poco) me acordé de una época de mi vida (por ahí de los 17 – 19 años) en los que me preocupaba que pasaba mucho tiempo sin lastimarme o caerme de alguna forma. La ausencia de algún dolor supreficial me parecía evidencia de que algo no estaba haciendo en la vida. Supongo que era parte de ese sentimiento adolescente de "no siento nada", por el cual la gente hace estupideces. No hice una estupidéz muy grande. Un día caminando me dejé caer al piso, para acordarme cómo se sentía rasparse la rodilla. Hoy no me tengo que tirar al piso para de vez en cuando lastimarme un poquito (me quemé con el tostador y rebané la puntita de un dedo hace no mucho), algo ha de estar bien en mi vida.