Una de las batallas lingüisticas probablemente más ruidosas en los próximos años, tendrá que ver con la comida. Hace unas décadas (en México un par de años) la industria tabacalera resisitó de todas la formas posibles a que se reconociera publicamente que su producto hace daño y mata. Hoy la industria alimenticia, que produce comida chatarra, está haciendo lo mismo. Saben que la principal causa de muerte en nuestro país está vinculada al consumo de harina y azúcares refinadas. Sin embargo, la industria se defiende, y en vez de reconocer que hacen productos de mala calidad (por que tienen costos más bajos) que provocan enfermedades y matan, están haciendo todo el lobby posible para quedar eximidos de responsabilidad y aventarle toda la carga a los consumidores. 

El lobby de la industria alimenticia en México es tan efectivo, que ha logrado evadir buena parte de la regulación que se recomienda para controlar la obesidad, y ha montado un verdadera campaña de resistencia para que no se regule el consumo de comida chatarra en las escuelas. En los últimos meses creí que la Secretaría de Salud y el gremio médico ganarían la batalla contra la industria. Sin embargo una nota de periódico del día de ayer, revela que el lobby de la industria ha llegado hasta el Secretario de Salud. En su comparecencia ante la Comisión de Salud de la Cámara de Senadores, el Secretario Córdova Villalobos en defensa de la industria alimenticia, dijo:

“No hay alimentos buenos o malos –excepto los contaminados-; hay costumbres o hábitos buenos o malo"

Casualmente eso sucedió el mismo día que la OCDE publicó su reporte sobre obesidad y sobrepeso. El periódico El Universal, trae las conclusiones de ese reporte el  día de hoy, en la que citan al autor del reporte explicando que buena parte del problema se debe a la mala calidad de los productos alimenticios que hoy se consumen (en dicha nota México sale por arriba de EU en términos de obsesidad, sin embargo ayer mismo la OCDE corrigió, y México quedó como segundo lugar). Es decir, no son sólo los hábitos, sino que la comida de baja calidad, barata, sí es chatarra. 

Fuente: The Economist (vía @lasalomita)

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