1. No veo mayor problema con que una autoridad menor, como la delegacional o municipal, transmita en vivo por internet los operativos que hace en la calle en contra de la apropiación de espacios públicos.

2. Efectivamente hay personas que resisten la acción de esta autoridad menor y cuya imagen y comportamiento puede ser parte del operativo que se transmite. También, y esto es clave, el comportamiento de la autoridad es transmitido en estos operativos. Es decir, tanto autoridades como presuntos infractores sufren las consecuencias de la transmisión en vivo.

3. Me preocupa que muchas de las críticas a los operativos acompañados de Periscope que hace la delegación Miguel Hidalgo, extrapolan el uso específico de la transmisión en vivo de operativos a situaciones cuyo contenido y objetivo es radicalmente distinto. La extrapolación ha llegado al grado de decir que esa transmisión provoca linchamientos con torturas y muertos, y que es equiparable a la humillación y discriminación que los nazis hicieron de los judíos. Si este fuere el caso, es un pregunta concreta para la cual quienes hacen la extrapolación deberían al menos ofrecer casos en donde la transmisión en vivo de un operativo para remover objetos privados del espacio público ha terminado en un linchamiento físico o en la discriminación y asesinatos sistemático de un grupo étnico.

4. Lo que me ha resultado más extraño, de muchos de los argumentos críticos a la transmisión en vivo de estos operativos, es que quienes hacen la crítica sostienen que el problema de la difusión de faltas menores es que sustituye un procedimiento legal en el que los infractores deberían ser remitidos a juez cívico para ya sea cumplir una condena o pagar una multa. Es decir, por un lado les parece que es excesivamente invasiva la acción de la autoridad cuando se trata de la difusión de faltas menores como evento colateral a la transmisión de los operativos, pero les resultaría menos invasiva la multa o encierro después de la remisión ante un juez cívico.

5. Entiendo que el argumento de la remisión ante el juez cívico es que se cumple de alguna forma el derecho de audiencia que permita el presunto infractor cuestionar la acción de la autoridad. Sin embargo, considerando la cantidad de faltas menores que cometemos cotidianamente, la remisión precisa y exacta resultaría aún más invasiva a nuestra vida cotidiana que la imprecisión esporádica del oprobio colateral a la transmisión en vivo de operativos.

6. Lo anterior también quiere decir que es poco realista, y yo diría deseable, esperar que las autoridades sancionen absolutamente toda falta menor. El oprobio esporádico, tiene el potencial de justamente reducir la acción de la autoridad pues puede provocar cierto “derrame” en términos del cambio del comportamiento de más personas que de aquella que sufren directamente el oprobio. Este “derrame” es el que hace que sea menos necesaria la acción cotidiana de la autoridad. En palabras criminólogo y filósofo John Braithwaite: “la esperanza es que la acción de la autoridad tenga el grado de credibilidad suficiente como para empoderar mecanismos informales de control social”. O en los términos de esta discusión, la esperanza es que el oprobio esporádico que resulta colateral a la transmisión en vivo de operativos active mecanismos informales que nos hagan sentir, aunque sea, tantita vergüenza cuando rompemos reglas básicas de convivencia en público; reduciendo así la necesidad de  multar o remitir a todo infractor ante el juez cívico.

7. Temo que los críticos más duros de la transmisión en vivo de operativos, en el fondo muestran el tamaño de los juicios que hacen sobre las personas por faltas menores. Es decir, les parece que mostrar a alguien tirando basura donde no debe o estacionando su coche en la banqueta es de tal absoluta gravedad que la difusión pública de la falta provocaría una dañina e irreparable estigmatización. Al igual que con el argumento de que es mejor remitir toda falta al juez cívico, son críticos del poder del Estado que a la vez son más duros que el Estado mismo.

8. Las faltas menores como tirar basura donde uno no debe o estacionar un coche en pasos peatonales es una falta que cualquiera puede cometer. No me parece exagerado imaginar que todas las personas en un momento u otro de sus vidas hemos cometido estas faltas o equiparables. Tampoco me es exagerado imaginar que a lo máximo que podemos aspirar es a que se reduzca su frecuencia, no que desaparezcan. Y es por esta razón que es francamente obtuso creer que el hecho de tirar basura en la calle o estacionar mal el coche es un acto que define por completo a una persona. No entiendo, ni entenderé, a quien emite un juicio entero sobre una persona por una falta de este tipo (y tenga más de 13 años de edad). Insisto tod@s las cometemos y de vez en cuando las cometeremos.

9. El oprobio esporádico que es un resultado colateral de la difusión de operativos en vivo sin duda puede ser impreciso. Pero es esa imprecisión y los mecanismos de control social laxos que provoca los que encuentro deseables. No aspiro a una sociedad donde toda violación de las reglas sea castigada de forma automática, incluso si fuere precisa y exacta. No veo nada deseable la generalización de “policías robots” que nunca fallan en mandarnos al “juez robot”. Por el contrario, creo que de vez en cuando debemos de violar las reglas. A veces porque son incompatibles con las demandas de la situación (y nos vemos obligados a ponderar la consecuencias de violarlas o no hacerlo), y a veces por que no sobra cuestionar si ciertas reglas deben existir al violarlas.