Hace unos meses el alcalde de Ciudad Juárez se quejó tras el estreno de la película Sicario por su contenido. Su queja estaba motivada por la forma en la que el guión de la película caracteriza a la ciudad como una de extrema violencia. Esta imagen, argumentaba, contradecía la reducción dramática que ha habido en el número de homicidios los últimos años. Sobre esta reducción no hay duda:  la cuenta pasó de 464 homicidios en octubre del 2010 a 17 homicidios en agosto del 2015. Si  la imagen de la ciudad Juárez violenta es hoy injusta, también se puede decir que el alcalde es injusto con la película (no sólo porque es un buen suspenso), pues no intenta reflejar la realidad sino contar una historia en el contexto que vivía Juárez tan sólo tres años antes.

Lo importante de esta disputa no es tanto lo que cree el alcalde de Juárez sobre la película, sino la oportunidad para reflexionar por qué y cómo se redujeron los homicidios en la ciudad. Nada más de acordarme el infierno que se describió entre 2008 y 2010, y la desesperación e impotencia tanto de autoridades como de los habitantes, es notable la poca tinta que se ha dedicado a tratar de identificar qué fue lo por fin hizo que la violencia bajara a los niveles de otras metrópolis del país que no han tenido crisis equiparables.

La hipótesis más documentada que he leído es la de Angélica Durán-Martínez quien, en un estudio publicado el año pasado, argumenta que en 2010 por fin se redujo tanto la frecuencia como la visibilidad de la violencia gracias a la “cohesión” de los aparatos de seguridad del estado que hasta entonces estaban fragmentados (si no es que en conflicto entre ellos). Aunque Durán-Martínez cuenta con entrevistas hechas a distintos actores de Juárez no da una fecha específica a partir de la cual sucedió este cambio. Esto no es un defecto de su argumento sobre la cohesión de los aparatos de seguridad, pues es un tanto tosco decir que hay una sola causa con una fecha en específico la que determinó la reducción de los homicidios, pero sí deja sin explicar cómo es que el cambio en las tendencia fue tan dramático a partir de octubre del 2010, y no intenta descartar hipótesis alternativas. Este repentino cambio en la tendencia se puede ver en la gráfica siguiente hecha con datos del INEGI (click para hacer grande):

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A partir de leer ese texto, me he topado con otras dos hipótesis que no descartan la hipótesis de Durán-Martínez pero le dan carnita operativa. Tal vez la coordinación entre los aparatos de seguridad es una condición necesaria para enfrentar una crisis de violencia, pero no es una condición suficiente. Una requisito imaginable para detener de tajo a organizaciones cuyo objetivo es matarse de forma visible entre ellos, es tener información de cómo y quiénes pertenecen a estas organizaciones. Puedo imaginar (y obvio no sólo lo imagino yo) que sin inteligencia policiaca, el trabajo de los aparatos de seguridad tanto fragmentados como cohesionados es muy limitado frente a organizaciones criminales que operan incrustadas dentro de la sociedad (y con las ventajas de información que ello implica) en la que son víctimas y victimarios.

En la prensa han salido dos artículos muy distintos sobre el incremento repentino en la acceso a inteligencia policiaca en Juárez. El primero lo escuché hace unos meses en un podcast de Radiolab que trata sobre una empresa (Persistent Surveillance Systems, PSS), que desarrolló tecnología para el sector privado a partir de la ocupación militar de la ciudad de Fallujah en Irak. Esta tecnología consiste en aviones ligeros, que equipados con cámaras de alta resolución, toman miles de fotos durante un periodo de tiempo, sobre un área determinada de una ciudad. Estas fotos permiten rastrear a personas y coches cuando se mueven de un lugar a otro. Así, por ejemplo, si una persona es asesinada en una esquina, la policía consulta todas las fotos que se tomaron que incluían esa esquina hasta dar con el momento del homicidio. A partir de ahí pueden rastrear los movimientos en fotos subsecuentes de todas las personas que estuvieron en ese lugar en ese momento. En el radio describen la sensación del rastreo como si se tratara de viajar en el tiempo. Pero más importante aún, uno de los ejemplo que usan es el asesinato de una mujer policía en Ciudad Juárez a partir de que los contrató un cliente cuyo nombre no revelan.

El reportaje de Radiolab es producto de una controversia provocada por la intención de un condado en EU de contratar a PSS y lo que los opositores consideran riesgos a la privacidad individual. En México no he visto discusión al respecto, pues todo indica que las autoridades de Juárez, el estado de Chihuahua o Federales, no hicieron publico que contrataron a PSS (¡es una discusión que hace falta tener!). Sin embargo, buscando en internet di con una presentación que PSS hace a sus clientes en donde muestra parte de su trabajo en Juárez (mencionan también Torreón y Mexicali), y en entrevistas, el director de la empresa dice haber observado 34 asesinatos y contribuido a resolver al menos 75. El documento de PSS marca como la fecha en la que se empezó a usar su sistema en Juárez, el 26 de agosto del 2009. Se usó al menos durante tres meses, y cubrió un área de 41 kilómetros cuadrados. Para ver si podría haber alguna relación entre el uso de esta tecnología de vigilancia aérea y los homicidios en Juárez puse una línea roja en la gráfica marcando septiembre del 2009, imaginando que a partir de ahí podría tener impacto el uso de esta información. Como dije antes, esto es una forma tosca de considerar hipótesis y no me atrevo a decir X tuvo un impacto en Y de tamaño B. Como hipótesis vale la pena notar que durante dos meses, octubre y noviembre del 2009 se redujeron los homicidios, hasta volver a subir en diciembre, cuando no consta en el documento de PSS que haya continuado el servicio. Lo que puedo imaginar es una reducción en los homicidios provocada por la acción de la policía con información precisa que les permitió agarrar directamente y sin informantes a los responsables de homicidios; “enfriando” así el trabajo de los sicarios.

El segundo artículo es uno publicado por la Fundación MEPI y escrito por varios periodistas de Juárez, llamado “El milagro falso de Ciudad Juárez“. El reportajes es una rica descripción de cómo el grueso de la violencia estaba orquestada por pandillas locales vinculadas a los grandes carteles de tráfico de drogas. Estas pandillas se fueron volviendo más sofisticadas al grado de contratar a un par de ingenieros que les construyeran una red de comunicación encriptada. En el reportaje cuentan cómo uno de estos ingenieros se volvió o era informante de la DEA y les dio acceso a la red de comunicación. Con información de un juicio en Estados Unidos donde está el testimonio del informante (que es ahora testigo protegido), el reportaje cuente que dio información a la DEA en noviembre del 2010 que resultó en la detención del cabecilla de una de estas pandillas ese mismo mes. Lo que se entiende del reportaje es que el ingeniero siguió filtrando información sobre la operaciones de las pandillas al menos hasta mediados del 2012. Otra vez, sin hacer una afirmación sobre causas y efectos, puse una línea azul claro punteada en noviembre del 2010. Como es evidente, ese es el mes del cambio importante en la tendencia. Es el mes siguiente al punto más alto en la gráfica, y a partir de ahí la tendencia es consistentemente a la baja. Esto podría querer decir que el acceso privilegiado a las redes de comunicación de las pandillas pudo servir, por ejemplo, a en vez de perseguir a los líderes de los carteles, a perseguir a los operadores y “administradores” de la violencia. Aunque realmente llama mucho la atención esta coincidencia, no dejo de advertir que en octubre del 2010 también  tomó posesión un nuevo alcalde, Héctor Murguía, quien cambiaría la relación de la ciudad con la Policía Federal y más adelante nombraría como Director de Seguridad Pública a Julián Leyzaola en marzo del 2011. Aunque no sobra decir que me cuesta trabajo creer la historia de un alcalde que llega y de un día a otro hace que de golpe dejen de competir con violencia dos organizaciones criminales (claro a menos de que dirigiera directamente al menos una de ellas).

Como dije antes, no escribo esto pensando que está clarísimo a qué se debió la repentina baja en la violencia en Juárez, ni con la idea de que esta discusión está resuelta. Por el contrario, lo escribo pensando en que hay varias hipótesis imaginables, y que ojalá haya más gente trabajando en esto. Por eso agregué otras líneas de colores a la gráfica que representan lo siguiente: la llegada del ejército en 2008, el establecimiento de la “mesa de seguridad” del proyecto “Todos somos Juárez” en 2010, la entrada y salida de la Policía Federal en 2010 y 2011 respectivamente, y la llegada de Julián Leyzaola como jefe de la policía. Tal vez todas estas cosas afectaron en conjunto el número de homicidios, y unas produjeron a las otras. Eso no lo sé, y aquí no lo intento resolver. Pero insisto en la importancia de entender qué fue lo que se hizo bien en Juárez, pues aunque las autoridades tienen que corregir errores y aprender de ellos,  es al menos tan importante sino es que más entender cuáles son los aciertos para poder reproducirlos. Ojalá lo que ha pasado en ciudad Juárez en términos de reducción de la violencia sea replicable en otras ciudades.