Actualización 

Este texto lo escribí el miércoles 26 en la noche. Hoy, 27 en la mañana leo un desplegado de PROCDMX donde especifica lo que en el texto yo describía como una consecuencia lógica del diseño financiero y arquitectónico sobre la idea del espacio público. En pocas palabras, los dueños del centro comercial a construir financiarán la “vigilancia” del espacio sobre toda la avenida, y el proyecto, dicen, garantiza que el espacio, todo, todo, sólo será usado por quien y para lo que haya sido “programado”. Esto se puede leer específicamente en las respuestas 8 y 12 de este desplegado, donde nos dicen que el espacio no será “una cueva de ladrones y maleantes”. Así parecen ver a los “no programados”. Como ladrones y maleantes en potencia. O como solemos hacer, y rehacer la ciudad, como una ciudad de sospechosos.


En un texto anterior escribí que lo que más me preocupa del proyecto de intervención del GDF sobre Av. Chapultepec, el tal “Corredor Cultural Chapultepec”, es que de fondo tiene una idea de expulsión y sustitución de los usuarios actuales de los espacios en y alrededor de la avenida. Para argumentar esta intención implícita en el proyecto señalé el lenguaje que usan los promotores en el que Av. Chapultepec debe ser rescatada de algo así como el crimen, para ser entregada a algo así como peatones (claro, peatones-no-criminales, aunque en un espacio así es fácil imaginar que quien sí comete crímenes no deja de ser peatón por cometerlos).

Entre ese texto y aquél, se han escrito varios textos criticando el proyecto (también algunos, los menos, apoyándolo tal cual fue presentado) con una diversidad de temas y matices. Muchas de estas opiniones fueron ya publicadas en la sección Tribuna de Milenio, y otras en NexosAnimal Político, y Arquine. Comparto buena parte de las críticas que van desde el apresuramiento y falta de convocatoria pública para hacer el proyecto, hasta las críticas más precisas sobre el diseño y el financiamiento. Comparto estas críticas; unas con más y otras con menos convicción, pero sobre todo creo que muestran que cada paso, cada decisión tomada por la PROCDMX tenía opciones que fueron descartadas y que no ha sido claramente expuesto por qué fue así.


Una de las cosas que ha sucedido en esta discusión es la insistencia de las autoridades en llamar al proyecto “Corredor Cultural Chapultepec”. Con ese nombre pareciera que a simple vista nos quieren dejar claro que la intervención no es primordialmente otras cosas, como “Centro Comercial Chapultepec” o “Segundo Piso Peatonal Chapultepec”. Sin embargo, creo que así como la forma en la que se pretende financiar el proyecto determina en buena parte los objetivos y restricciones del diseño, detrás del nombre hay una idea de lo que es el espacio público y de eso-que-solemos-llamar-Cultura (con C mayúscula).

El domingo tuve una conversación con Simón Levy (sin duda hay que reconocer que Levy se ha acercado a hablar con críticos al proyecto e incluso se presentó en un foro). En algunas cosas tuvimos coincidencias, pero en otras claras divergencias. Casi todo lo que me dijo es muy parecido a lo que dijo en el foro de Arquine y Horizontal.

La principal coincidencia es que algo hay que hacer en Av. Chapultepec. A parte del atropellado proceso y la falta de transparencia al inicio, la principal divergencia tiene que ver con la idea de construir un segundo (y tercer) piso peatonal. Este segundo piso es lo que se lleva el grueso del costo de la obra y con el cual se justifica la concesión del espacio a los inversionistas por 40 años. Los espacios comerciales contemplados serían 85% en el centro comercial construido sobre el actual estacionamiento de la SSP, y el 15% distribuido sobre el segundo piso peatonal y en banquetas a nivel calle. El resto del espacio en los tres niveles y medio (calle, mezannine, primer piso, segundo piso), a parte de arbolitos, pastito, y florecitas color render verde brillante, tienen actividades culturales “programadas”. Las actividades van desde “talleres de dramaturgia” hasta “galerías de arte” y “arena de danza”. Más allá de la diversidad de “actividades culturales” que se le ocurrieron a los promotores del proyecto (se pueden consultar aquí por nivel), la clave está en que Levy me insistió en que el espacio público necesita ser “programado” para no ser abandonado. Es decir que la manera en la que las personas que pasan, pasean, o están en un lugar lo usan no es una cosa abierta, y no es enteramente pública, sino que necesita tener un diseño preestablecido (y por tanto vigilado). Hipotéticamente un guardia dirá:  “Aquí es el ‘teatro guiñol’ nada de andar pintando cuadros (o más creíblemente aventando pelotas de goma, o aún más creíblemente vendiendo globos, o aún más creíblemente vendiendo tacos en una canasta montada en una bici) “.

Para contrastar su argumento, Levy me ofreció como ejemplos de lugares con espacio público “no programado”: los camellones de Av. Reforma y la calle de Madero. En esos lugares “no pasa nada,” me dijo. Yo digo, “no pasa nada” excepto gente caminando, platicando, sentada, comiendo… y no es que no estén “programados” estos espacios sino que están “programados” por la Ley de Cultura Cívica aplicada por policías quienes llevan ante un juez cívico a cualquiera que haga cosas distintas a lo que es equivalente a decir que “no pasa nada”. No estoy en contra de que el uso del  espacio público tenga ciertas restricciones. Sólo quiero señalar que estas restricciones necesitan de alguna forma de labor policiaca para que existan. Entre más restricciones haya, más específicas sean,  y en más espacio total, más grande el esfuerzo que necesita hacer la autoridad por hacer valer el “programa” y en consecuencia más conflictos entre quienes defienden el “programa” y quienes de hecho actúan contra el “programa”.

Ahora, volvamos a las consecuencias de construir un segundo piso sobre Av. Chapultepec con unas columnas gigantes y “ballenas” peatonales de concreto. Sin duda, la construcción generaría más y nuevos espacios, pero estos espacios no sólo serán los programados con las predefinidas actividades culturales (que apelan a algo así como la “alta cultura”) sino los tantos más espacios programados para que “no pase nada”. Que “no pase nada” en una zona con el flujo peatonal que se espera, más las tres salidas del metro, con una “bajo puente” del largo de todo ese tramo de Av. Chapultepec no está fácil. Algo pasará, y sospecho que lo que pase será en contra del “programa”. Se construirán puestos de comida, y de cualquier cosa que se pueda vender más barata que en el centro comercial. Ahora, a diferencia del resto de la ciudad, los primeros interesados en que “no pase nada” donde el programa diga que “no pase nada” serán los dueños del centro comercial que querrán ver el valor de los locales elevado por los cielos sin competencia informal, pero sobre todo sin los consumidores y productores de competencia informal. Es decir, cuando anuncian que el “Corredor Cultural Chapultepec” tendrá “seguridad 24 horas“, será en serio y existirán los intereses comerciales para garantizarlo. Si el plan sale como proyectado, tendrá que ser una vigilancia que permita ciertos usos y no otros, que permita a ciertas personas y no a otras. Ese segundo piso será una vez más una de las tantas divisiones que existen en la ciudad. Una vez más segundos pisos y lugares segregados que crean espacios que determinan cómo, quienes puedan, escapan de la ciudad que viven las mayorías. Serán espacios en conflicto permanente, a ratos ganando un bando y a ratos ganando otro bando. Serán una frontera más, no una frontera menos.

Sin duda el espacio público debe tener algunas restricciones, (por ejemplo, no tenemos por qué dejar que se estacionen coches por todos lados), pero cuando se trata de un espacio público como el de Av. Chapultepec prefiero imaginar como deseable un carnaval creado por las mayorías que buscan espacios abiertos, accesibles y agradables.