Una de las cosas que más discusiones polarizadas genera en redes sociales es si hay algo así como “cortinas de humo” que inventan quienes están en el poder para mover la atención de los medios de comunicación hacia uno u otro tema. El caso que mejor recuerdo de esta acusación es cuando se decía que la atención noticiosa a mediados del sexenio de Zedillo había sido movida del FOBAPROA, y demás noticias importantes de la época, a la cobertura de una noticia que no era noticia, primero que nada porque no se acercaba a nada parecido a lo que llamamos verdadero: los ataques del chupacabras (en serio había cobertura en televisión, aquí una nota de los noventa en Tv Azteca).

Sin embargo, la acusación de usar los medios de comunicación o entretenimiento para absorber la atención de una ciudadanía, que ante la ausencia de estos distracciones usaría su tiempo en la actividad política, es tan vieja como la frase romana de “al pueblo pan y circo”. Por ello el mundial de futbol (y en realidad todo entretenimiento) es potencialmente una instancia de “pan y circo”. En estos días en los que se discuten las leyes secundarias de la reforma energética al mismo tiempo que se lleva a cabo el mundial, son muchos quienes están convencidos de que el calendario legislativo fue pensado específicamente para empatar las fechas y que no toda la atención de los medios (y supuestamente de la ciudadanía) estuviera sobre la comisión de energía del Senado sino sobre el futbol.

No sé si así se haya pensado, y no sé si el empate con las fechas del mundial tenga algún efecto sobre la discusión. Sería un tanto brusco decir que mientras haya mundial no puede haber ni una discusión o decisión política en México, como si ante la ausencia de mundial las decisiones y discusiones fueran otras. Es cosa de recordar la casi ausente movilización política que ha habido ante la aprobación de reformas constitucionales como la laboral, de telecomunicaciones y energética. Incluso, en el lugar donde hoy hay mucho pan y circo, Brasil, hay bastantes más movilizaciones y presiones políticas que en México. Si de esto le tuviera que echar la culpa a alguien, en todo caso, es a la forma en la que están organizados los partidos políticos, y el desmantelamiento/colapso de los sindicatos en los últimos años.

¿Esto quiere decir que no existe lo que se suele llamar “cortinas de humo”? No. Sería un tanto ingenuo pensar que no hay estrategias de comunicación y que la prensa y televisión no son usadas de forma táctica por quienes están en el poder. Los millones de pesos que se gastan en consultorías de comunicación y relaciones públicas con los medios, se dedican exactamente a eso: a hacer noticia lo que aún no es noticia, y a sacar de las noticias lo que alguien no quiere que sea noticia. Este trabajo probablemente incluye “empujar” más unas noticias a costa de otras, con tal de influir aunque sea un poquito en el número de segundos que el radio y la televisión le dedican a un tema o en el tamaño del espacio en un periódico.

Un caso  reciente de “cortina de humo” bien documentado es el que describió Carlos Puig durante la campaña electoral del 2012, en un perfil de Peña Nieto. La idea básica era que para evitar que durante la campaña presidencial se discutiera en la Cámara de Diputados la alerta de género que se estaba considerando lanzar en el Estado de México por el número de feminicidios, Peña Nieto y el PRI obligaron a un diputado priísta a renunciar con tal de generar una nota periodística que dijera que el PRI castigaba a misóginos (tal vez el uso recurrente de esta estrategia fue lo que hizo que se discutiera poco el muy desastroso gobierno de EPN en el Estado de México).

Si es que esa táctica para desviar la atención de los medios funcionó en el pasado, no sería sorprendente que se use con frecuencia. Incluso hoy, si estuviera obligado a apostar qué están usando el PRI y el PAN para desviar la atención de la discusión de las leyes secundarias de energía, no es el mundial, sino la tal “Comisión para la familia”. Dicha comisión que tuvo que ser aprobada por los dos partidos, no va a ninguna parte, pero sí tiene una enorme capacidad para que los más ruidosos generemos ruido en torno a ella. Al fin y al cabo para tener una opinión sobre los prejuicios más bobos de los ultra conservadores no se necesitan leer cuatros dictámenes especializados en temas de energía.

Pongo aquí la crónica de la desviación de los medios que hizo Puig en su perfil de EPN:

 

El diputado por el PRI Francisco Moreno Merino entendió a las once de la mañana con veinte minutos del jueves 15 de marzo de 2012 la advertencia que la tarde anterior le habían hecho dos compañeros en la Cámara de Diputados. “Te van a romper la madre”, le habían dicho. No había entendido.

Inició el día en la Cámara como tantos otros. La lista de asistencia registró 310 de los 500 diputados. Se votó para dispensar la lectura del orden del día. A punto de arrancar la sesión, la diputada del PRI Diva Gastélum pidió la palabra al presidente de la mesa directiva, el perredista Guadalupe Acosta Naranjo.

–Estoy muy preocupada –arrancó la priista– y usted como presidente de esta mesa directiva quisiera que tomara nota de un hecho que me tiene muy confundida, que se diera la noche de antier, sobre algunos comentarios hechos por el diputado Paco, Francisco Moreno Merino; nos preocupa mucho la forma de descalificar a las mujeres. Estoy confundida y le voy a decir por qué: porque el diputado siempre se ha conducido de la mejor manera, es un caballero, sin embargo, me preocupa. Quisiera, presidente, que tomara nota de esta situación, porque pareciera que estamos en el siglo pasado, en un tema en donde el respeto a los derechos de las mujeres debería estar a salvo. Yo le agradeceré su intervención. Le pido al diputado Francisco Moreno Merino, mínimamente, sé que no es su estilo, que pudiera él explicarnos o darnos una disculpa, porque realmente muchas compañeras, muchos compañeros, han sentido el atropello en sus palabras. Gracias, presidente.

Francisco Moreno Merino nació veinte días después que Enrique Peña Nieto en el año de 1966. Lo conoció veinte años después, en la ciudad de México, gracias a que su hermana Mónica estudió con el hoy candidato del PRI a la presidencia en la Universidad Panamericana. Desde entonces han sido compañeros ocasionales de fiestas, confidentes y colaboradores políticos. Ambos construyeron carreras en sus respectivos estados. Peña Nieto lo obtuvo todo en el Estado de México: secretario, legislador, gobernador. Moreno aspiró, sin éxito, a ser alcalde de Cuernavaca y compitió para ser el abanderado tricolor a gobernador.

Esa mañana de jueves era diputado y candidato a senador por Morelos. Dos días antes, Moreno Merino había estado en la comparecencia del titular del ISSSTE frente a la Comisión de Seguridad Social. Al final de la reunión, Moreno, educado en las maneras del priismo del siglo pasado –fue secretario de Rubén Figueroa y Leonardo Rodríguez Alcaine–, le espetó al director de ISSSTE una frase de Gonzalo N. Santos: “No hay caballo fino que no tire a mula, ni mujer bonita que no llegue a ser meretriz, ni hombre bueno que no tire a penco. No sea usted un hombre bueno, sea un buen director del Instituto.” Ni los portales ese día, ni los diarios del miércoles o jueves habían dado importancia al hecho. Había pasado prácticamente desapercibido. Pero ese jueves, en el salón de plenos, el futuro de Francisco Moreno en el Senado se desmoronaba frente a sus ojos.

Después de la priista Gastélum, tomó la palabra la diputada Norma Leticia Orozco Torres, del Partido Verde, quien exigió a Moreno Merino que “retirara sus expresiones”; siguió Pilar Torre del panal, subió Leticia Quezada del PRD… El mexiquense y vicecoordinador de los diputados priistas José Ramón Martell operaba entre las diputadas. Moreno pidió la palabra y se disculpó. De poco sirvió. En unos minutos, una veintena de mujeres tomaron la tribuna protestando contra el priista. Se interrumpió la sesión.

Moreno apretó la quijada. Buscó explicaciones entre sus compañeros de bancada.

–Paco –le dijo Jorge Carlos Ramírez Marín–, necesitábamos un difusor. Con el pretexto de la Ley de Trata tenían planeado hacer un escándalo con los de los feminicidios en el Estado de México, iban a sacar lo del libro de las mujeres de Peña. Hasta lo de Paulette querían resucitar. Necesitábamos un distractor.

El diputado panista Carlos Alberto Pérez Cuevas intentó hablar de los feminicidios en el Estado de México, pero le fue imposible. Ese día, en San Lázaro, el enemigo de las mujeres era el diputado Francisco Moreno Merino. A mediodía el tema inundó la radio. Esa tarde, Moreno habló con el candidato. Por la noche, en el noticiero estelar de Televisa, la crónica del hecho duró dos minutos 48 segundos, una eternidad.

La mañana siguiente, el diputado Moreno estaba en Guerrero en una encomienda de la campaña de Peña Nieto cuando recibió una llamada de Pedro Joaquín Coldwell. Era un formalismo que Moreno aprovechó para llamar cobarde al líder priista. A mediodía, en la radio, Coldwell anunció que le había pedido al diputado que renunciara a su candidatura y este había aceptado. Las columnas inauguraron una etiqueta, el diputado misógino, y alabaron la decisión del Partido.

Unos días después, entre priistas, Enrique Peña Nieto puso de ejemplo a su amigo. Dijo que todos deberían aprender de Moreno, de cómo se había sacrificado por el partido, por la campaña.

A Moreno le habían roto la madre. Y no se quejó.