Hace una semana Jesús Silva-Herzog Márquez argumentó que los grupos de autodefensa no son otra cosa que paramilitares. Que entiende que surjan de una situación extrema, pero que no pueden ser parte de una política del estado. Es decir, por un lado reconoce que hay cierta justificación moral en las autodefensas, pero no reconoce que también hay dilemas estratégicos y tácticos en cómo el estado debe/puede lidiar con ellas. Por su parte, en El País, Guillermo Trejo sí reconoce el dilema estratégico y los beneficios tácticos que recibe el gobierno al apoyarse en los grupos de autodefensa (i.e. información local y la elusión de la responsabilidad sobre violaciones de derechos humanos), y le parece que verlas en sí como una solución al problema de seguridad público y de estado de derecho es una mala idea. En los dos textos hacen alusión a lo que sucedió en Colombia con grupos paramilitares desde los años ochenta hasta la fecha, una comparación que para Fernando Montiel es sumamente imprecisa. En Colombia eran mercenarios armados por grandes empresarios para enfrentar a una guerrilla revolucionaria, en Michoacán parecen ser grupos armados en donde participan tanto pequeños propietarios y profesionistas como los trabajadores de esas pequeñas propiedades. La motivación inicial en ambos casos es claramente distinta.

En Nexos se han publicado varios textos a través del tiempo, sobre cómo opera/operaban La Familia y los Caballeros Templarios. Sin duda éstos sirven hoy para ayudar a formarse una opinión sobre lo que está pasando en Michoacán. Viéndolos en retrospectiva, me llama la atención cómo poco a poco cualquiera podía ver lo que estaba sucediendo, e iba empeorando. También llama la atención ver cómo nunca ha sido muy difícil dar con los líderes de estas organizaciones. En el 2009 Alejandro Suverza ya había contado la extraña combinación entre un liderazgo carismático y el crimen organizado, después de buscar, encontrar y entrevistar a Nazario Moreno. En 2010 Juan Carlos Zepeda describía cómo en el pueblo de Sahuayo, La Familia había establecido un régimen de control social. En 2013 el director del periódico michoacano Quadratín contó los riesgos de hacer periodismo en Michoacán. También, el año pasado un estudiante alemán, haciendo una investigación, llegó hasta entrevistar a la Tuta (no parece que le costó mucho trabajo encontrarlo). Guillermo Valdés, exdirector del CISEN, explicó cómo La Familia fue una suerte de escisión de Los Zetas, no sólo una reacción a los segundos como se suele creer.

En el New Yorker también publicaron un largo trabajo, muy bien hecho, sobre el origen y forma de operación de La Familia en el 2010.

Entre lo que he visto en días recientes, es impresionante la cantidad de información que ha surgido a partir de la expansión de los grupos de autodefensa (o comunitarios). Recientemente Salvador Maldonado publicó un texto también en Nexos explicando la complejidad del surgimiento de los autodefensas, que se entiende mejor después de leer un texto más largo, de él mismo, en la Revista Mexicana de Sociología. En Punto de Partida hicieron un trabajo espectacular sobre el origen de los autodefensas, y después en una segunda parte Denise Maerker continúa su investigación y cuenta lo que ha pasado desde que surgieron. Entre otras cosas, está la explicación de cómo se organizaron las autodefensas contada por José Manuel Mireles e Hipólito Mora. Dos cosas son interesantes, uno de los argumentos “fuertes” para levantarse en armas fue que empezaron a haber violaciones masivas de niñas. Otra cosa es que en las explicaciones sale cómo la organización criminal no está del todo sobre la sociedad, sino que es parte de la sociedad. Uno podía trabajar para ellos para “hacerse un dinerito”. Ahí explican cómo Los Templarios viven de extorsionar a partir de todas las transacciones en la sociedad: los salarios, la venta de limón, la venta de aguacate, de ganado, la venta de tortilla, del presupuesto público. La compenetración entre el crimen organizado y la sociedad es tal, que la Tuta aparece en un video paseando por la plaza de un pueblo repartiendo dinero y justificándo en público ser “un mal necesario”. Un médico del pueblo dice que en ese pueblo no habrá más de cinco personas que tengan “un modo honesto de vivir”.

Adela Micha hizo una entrevista más profunda a Hipólito Mora, en la que insistentemente le pregunta por el origen de las armas y del dinero para la movilización de los comunitarios y la toma de los pueblos. Mora reconoce la ambigüedad moral de su posición. Admite que lo que hacen es ilegal, que no pregunta de dónde saca las armas quien se la vende, y que se financian con la producción de las fincas que había tomado Los Templarios. Siempre antes de contestar, insiste en que es sincero, excepto cuando le pregunta Micha si ha matado a alguien. Ahí (por razones que me resultan obvias) se ríe. Aun así me llama la atención la insistencia en los dilemas morales. Mora no habla con absoluta certidumbre sobre lo que hace. Tiene dudas y lo reconoce. Al mismo tiempo describe una situación en donde parece que no tenían opciones frente al poder que habían adquirido Los Templarios, y el establecimiento de un orden criminal. En el reportaje de Maerker los tres líderes de autodefensas entrevistados insisten en que no les gusta estar armados, que prefieren no estarlo. Cuentan la complicada y ambigua relación con el gobierno, en particular con el Ejército y la PGR. Como dice Mireles “ahí adentro también hay divisiones” sobre cómo relacionarse con las autodefensas (contrastes entre un coronel y otro del ejército, y posiciones contradictorias entre Murillo Karam y Osorio Chong). Los tres líderes en cambio son menos ambiguos con respecto a las posibles relaciones o infiltración de otros carteles de narcotraficantes. Saben que puede suceder, les preocupa, y no quieren que suceda.

También llama la atención cómo cuando leemos en los periódicos “grupos de autodefensa” no son del todo visibles las diferencias de clase que como en toda la sociedad, por ahí también cruzan. Mora es un ganadero y agricultor. Es propietario. En contraste quienes -dice- lo acompañan en armas son “cortadorcitos de limón” que sí lo han apoyado, no como los otros ricos que se han quedado callados o se fueron:  “Me siguió la pura gente pobre. Ningún pinche rico se acercó al movimiento. Se quedaron en sus casa. Puro cortadorcito de limón. Puro que usa su red para llevarle de comer a sus hijos”. Explica también que los más afectados por la extorsión eran los trabajadores, no los propietarios. Por lo visto Los Templarios saben con quién meterse (pobres) y con quién no (ricos), y fue hasta que se metieron con el precio del limón (no sólo con los sueldos de los trabajadores) que los propietarios se levantaron en armas.

Para complicar más las cosas, en un video que subieron a Youtube los Caballeros Templarios, la Tuta “denuncia” a Luisa María Calderón por haber recibido un favor de él y ahora no reconocerlo. El favor -dice- fue soltar a su primo que estaba secuestrado. La mayor parte de las notas se centraron en los dichos de la Tuta sobre Luisa María Calderón, y en la respuesta de ella. No es una diatriba interesante. Sin embargo, lo realmente aterrador, es que la Tuta dice haber secuestrado al primo de Calderón, porque se lo pidieron unos empresarios a los que éste les debía dinero. Si eso es cierto, entonces La Familia Michoacana también servía como “sistema de cobranza” entre empresarios (supongo que no queda claro qué quiere decir por “empresarios”) , no sólo como extorsionador de los más vulnerables o de otros criminales.

Hay otros temas que cruzan lo que está pasando en Michoacán. Uno de ellos, que tendría que haber sido previsible es la migración. Mireles parece que vivió en Estados Unidos varios años. El Washington Post hace un reportaje donde cuenta que varios de los participantes en las autodefensas fueron o son inmigrantes, incluso de segunda generación. En una entrevista a una mujer, “la Bonita”, que participa como autodefensa, también dice que vivió en Estados Unidos 15 años. Incluso aquí hay una entrevista en inglés con un comunitario. Considerando que Michoacán es uno de los estados que más migrantes expulsa no es sorprendente que una vez que se cuentan las historias de michoacanos nos topemos con que muchos han hecho parte de su vida en EU. Me pregunto si la experiencia en EU habrá tenido algún impacto en la resistencia o no al orden criminal de los Templarios.

Probablemente lo más complicado, y lo que planteará todavía más dilemas sea la distinción entre quienes apoyaron, o participaron con los Templarios, y quienes apoyan o ayudan a los comunitarios. Esto es lo que lo hace de alguna forma más parecido a una guerra civil que a otro cosa. En esta nota, una madre narra cómo su hija, Templaria, le quitó su casa. Al mismo tiempo su hijo participa en las autodefensas, y ella le lleva comida todos los días. O por ejemplo esta impactante foto de una mujer con una camiseta que dice “Felicidades Papá en tu día. Gracias por ser Papá y por ser Templario”, o esta nota que cuenta cómo alguien que era Templario ahora es autodefensa. En el video de la Tuta que sale en el reportaje de Maerker es impresionante. Le ofrece empleo a los esposos de una señoras a las que les da dinero, y una le dice que ya dos de sus hijos están trabajando con él. Algunos medios han publicado también las fotos de quien parece ser la hija de uno de los líderes Templarios, que se dedica a la música de banda, y que sin pena alguna se tomaba fotos que subía a Facebook e Instagram y daba conciertos celebrando a los Caballeros Templarios. Las fotos que han salido de las casa de los líderes Templarios, son casas que quienes ahí viven, conocen, e incluso Mora dice conocer desde niño a alguno con el que fue a la escuela. Pensando en el largo plazo, de una forma u otra la sociedad michoacana y las autoridades, tendrán que lidiar con conflictos entre habitantes del mismo pueblo, o barrio, e incluso entre familiares, que estén permanentemente agraviados por lo que los otros hayan hecho. Resulta obvio prever que hay o habrán largos ciclos de venganzas que no serán fácil de detener. Creo que no tardará mucho en que veamos a quien hable de alguna forma de “justicia transicional”.

Viendo el conjunto, si alguna lección tendríamos que ya haber sacado en México, es que eso que llaman “el estado de derecho” no se puede imponer así nada más. Al tratar de imponerlo hay dilemas morales propios, costos humanos, y no queda claro qué distribución de beneficiados y afectados resulte. El medio intento del Ejército por desarmar a algunos guardias comunitarios, resultó en al menos dos civiles que no portaban armas, muertos. Al mismo tiempo, los grupos de autodefensa claramente han ido ganando popularidad dentro y fuera de Michoacán. Al igual que con el crimen organizado, las autodefensas no parecen ser un grupo ajeno a la sociedad como sugiere Trejo. Tampoco parecen ser los grupos paramilitares, equiparables a los colombianos, que con razón le preocupan a Silva-Herzog. Parecen otra cosa. Más complicada, más difícil de caracterizar. Lo que es ineludible es que ya no hay vuelta atrás, ya están constituidos como uno o varios actores políticos en Michoacán, que hoy, están armados. También hasta el momento no se dicen ni enemigos del estado, ni tienen un discurso sobre la toma del poder político (pese a que en los hechos, algo de eso debe estar sucediendo). Por tanto, lo mejor es que el gobierno reconozca todas estas ambiguedades, dilemas y matices y vaya poco a poco manteniendo una relación que no sea de confrontación con las autodefensas. No queda claro cuál vaya a ser el orden social que resulte de esto que ya parece una guerra civil, pero tendrá que ser un orden social en donde el estado no puede tener demasiados enemigos, y en el cual los que en el corto plazo sean sus posibles aliados deben de ser lo suficientemente “tragables” para también serlo en el largo plazo.