Ya hace tiempo que en México cada vez que hay una protesta o manifestación pública, se decantan dos lados. Unos dicen que los que marchan/protestan violan derechos de terceros, y otros dicen que las libertades civiles están compuestas exactamente por la posibilidad de marchar/protestar.

En esa discusión siempre hago un esfuerzo por entender y explicar por qué no es una locura que en nuestro país ciertos grupos usen algún grado de violencia (sobre todo contra objetos) en sus manifestaciones.

Entre quienes les horrorizan las protestas (y más cuando se rompen vidrios) la única forma que tienen para entender, explicar y reprobar estas formas de manifestación es decribiéndolas únicamente como actos de voluntad. Es decir, para quienes sostienen esta posición, si los maestros de la CNTE rompen ventanas es porque “son violentos” ( en la versión más dura) o porque “deciden ser violentos”. En los dos casos de esa forma se les atribuye única responsabilidad sobre sus actos.

Y claro quienes están de lado de la CNTE de chicotazo responden, “pero el gobierno ejerce más violencia”. Lo cual puede ser cierto pero no soluciona el problema de quién empezó la violencia y quién reacciona a qué, y con qué legitimidad para hacerlo.

Una forma de salir de la respuesta de chicotazo es pensar que el problema no es cuánta violencia ejerce el gobierno o cuanta los manifestantes, sino si la naturaleza de las relaciones que establece el gobierno con los gobernados produce esa violencia. Es decir, no sólo es una decisión usar la violencia, sino que el gobierno con ciertos grupos sólo se relaciona de esa manera.

Hoy encontré un aliado de esta argumento. En La democracia en América, Tocqueville describe las diferencias entre las asociaciones en Estados Unidos con las asociaciones en Europa. En EU, dice, la gente se reúne para formar opinión, difundir ideas y tratar de modificar la opinión de la mayoría. En Europa, en contraste, la gente se asocia para ser suficientemente fuertes para retar a quienes están el poder y si pueden sustituirlos, sin importar quién es minoría y quién es mayoría. En el primer caso hay poca violencia, en el segundo es frecuente.

La clave está en qué explica esta diferencia. No es que unos sean más violentos que otros, sino que tienen gobiernos que funcionan distinto. Tocqueville dice:

El ejercicio del derecho de asociación se vuelve peligroso en proporción a la imposibilidad que excluye a grandes partidos [partes] de obtener una mayoría.

Si eres una minoría que considera que es imposible que tu opinión se pueda convertir en mayoritaria es poco probable que te manifiestes para convencer a otros, y más bien lo harás para presionar o derrocar (y claro la violencia puede presionar más) a quienes están en el poder.