Hace unos días fue la “marcha de las putas” en la ciudad de México. Paseé por ahí. La pancarta que más me gustó fue la que decía: “No te estoy coqueteando. Tengo calor”.

Supongo que todavía hay muchos hombres que creen que el lenguaje, el acoso, y la dicriminación no llevan a la violencia. Yo soy de los que cree que sí. Mejor explicado aquí y acá.

Hoy leyendo un reportaje en voz de un asesino de mujeres en Estados Unidos de origen argentino publicado en Gatopardo, me topo con esto, con una justificación del asesinato. Por putas:

Tiene razón Alberto en lo que dice sobre las chicas mendocinas. Cuando éramos adolescentes, nuestro único contacto con el sexo eran las putas. Esto me hace recordar una de las muchas teorías que han entretenido a los psicólogos para explicar mi comprotamiento. Decían que yo había matado a Natalie, Judy, Barbara y Laura porque me había acostado con ellas en la primera o segunda cita. Y después decían que me había quedado varios años con Felicia, mi primera mujer, porque me había hecho esperar semanas antes de acostarme con ella. O que, Susana, mi última mujer, con la que viví más de diez años y a quien, según ella misma dice, nunca le puse una mano encima, tampoco me permitió tener sexo con ella hasta que estuviéramos comprometidos. Eso dicen los psicólogos: mato a las putas, porque no las respeto y me hacen acordar de las putas de Mendoza; y me enamoro de las virginales, porque me recuerdan a las chicas de la sociedad mendocina que nunca pude tener.