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Esta semana murió Armando. Lo mataron de un balazo dentro de un microbús frente a su esposa, Joana, en Iztacalco. Los ladrones amenazaron a todos los pasajeros, y al llegar a él —quien al parecer se resistió— lo mataron. Era de noche. Él tenía 21 años, obrero. Ella tiene 20.

También esta semana mataron a un joven de entre 25 y 30 años en Iztapalapa. Eran alrededor de las 10 de la mañana cuando cuatro tipos lo bajaron de su coche. Al parecer él sabía lo que venía y se defendió con uñas y dientes. La vida se le acababa. Lo golpearon y le metieron cuatro balas al cuerpo.

En Ecatepec, el mismo día, de un balazo en la cabeza murió Michelle Emmanuele quien era microbusero. Un desconocido unos pocos años más joven que él —30— lo mató frente a su hermano. Michelle Emmanuele y su asesino se habían dado unos cerrones. Bajaron de sus vehículos, discutieron, y uno sacó la pistola para usarla.

Al día siguiente en la Gustavo A. Madero pasando la una de la tarde, mataron a Santiago para robarle 10 mil pesos que había sacado del banco. A sus 50 años lo mataron de un sólo balazo en el pecho. La otra bala le tocó a su esposa María Elena quien no murió. Los vecinos llamaron a la policía, pero esta se tardó demasiado en llegar como para perseguir a los responsables.

A los 35 años de edad, después de una disputa con otras personas, Oscar fue asesinado en su hogar con dos balazos en la espalda. Rodrigo quedó herido y a gritos pidió ayuda. En Tlalpan los vecinos dicen haber visto a los criminales salir con un pequeño paquete rojo. Los encabezaba un hombre alto, de buen vestir, con joyas.

Murió casi al nacer. No tenía nombre. Su madre, de 15 años, Mitzi, le clavó un cuchillo justo después del parto. Ella había ocultado el embarazo por ser producto de una violación. No lo quería tener. Parió sola en un cuarto en Iztapalapa y de no ser por su madre, también hubiera muerto desangrada.

En nuestra ciudad, en lo que va de la semana, al menos estas personas han sido asesinadas. Las circunstancias de todos fueron distintas. Probablemente pocos, si es que alguno, sabía que iba a morir. Murieron por resistir un robo, por pelearse en la calle, por equivocarse de amigos, por escoger un negocio estúpido, por nacer en la tragedia.

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Saqué algunos datos de la base de datos del INEGI de homicidios para ver qué cosas interresantes se puede decir sobre quiénes mueren más y cómo por homicidio en el DF. Son tres temas que dan para muchas hipótesis sobre quiénes, por qué, y cómo mueren asesinados.

1) Una mayor proporción de mujeres son asesinadas en su hogar, que hombres.

2) En las delegaciones Miguel Hidalgo, Venustiano Carranza, Cuauhtémco y Gustavo A. Madero hay una tasa de homicidio particularmente alta.

3) La tasa de homicidios por nivel de escolaridad más alta es entre personas con secundaria completa. Las más bajas son entre personas con estudios profesionales, y con primaria incompleta. 

 

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